Miércoles  20 de noviembre de 2019.

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Antropología

Sin embargo, gran parte del material del maestro Marino se encontraba rezagado en relación a la cada vez más prolífica y diversificada literatura de ciencias sociales sobre el estado. Por lo tanto, el acervo tenía que ser revisado y enriquecido para lograr su actualización. La salud del antropólogo al mismo tiempo había decaído notablemente. Se determinó así que para una mayor aproximación a la totalidad de la bibliografía referencial era preciso formalizar este primer intento como una obra de colaboración colectiva. Los autores adjuntos y los estudiantes investigadores proporcionaron nuevos títulos, comentarios, información y precisiones colaterales.

El acopio bibliográfico fue dividido en ocho secciones: I. Obras generales, II. Antropología social y Etnografía, III. Arqueología, prehistoria y arte, IV. Etnohistoria, V. Lingüística, VI. Folclor y narrativa indígena, VII. Antropología física y VIII. Miscelánea. La obra compendió 940 fichas o entradas de otros tantos libros, noticias, reseñas o artículos referidos a la entidad, actualizados hasta 1987. Aunque pudieron haberse deslizado omisiones y su estructura no fuera estrictamente ortodoxa, la obra resultó un buen intento y un desafío para actualizarla y afinarla en lo futuro.

La Bibliografía antropológica del estado de Guerrero apareció en 1987 bajo el auspicio del Instituto Guerrerense de la Cultura. Firmaron como autores el propio maestro Anselmo Marino Flores y Juan Carlos Catalán Blanco y Roberto Cervantes Delgado como colaboradores. El día en que salió de la imprenta el primer ejemplar le fue entregado al maestro Marino Flores en su lecho de enfermo. Días después, en el mes de marzo de aquel año, este destacado coterráneo falleció.

Un área cultural de población indígena de habla náhuatl de nuestra entidad es la comprendida en la región denominada del Alto Balsas. En años recientes, sus pobladores adquirieron notoriedad por oponerse enérgicamente a la construcción de una presa. Este hecho evidenció la carencia de investigaciones sistemáticas sobre los diversos aspectos culturales de ese conglomerado geográficamente localizado a lo largo y ancho del Alto Balsas.

Catherine Good Eshelman había venido estudiando esta región donde además de aprender la lengua náhuatl se dedicó a estudiar el proceso completo de la artesanía del amate pintado en la comunidad de Ameyaltepec, municipio de Eduardo Neri, pero, sobre todo, los mecanismos de comercialización de la artesanía manejados por los mismos artesanos nahuas. Esta autonomía había permitido que el grupo productor gozara de cierta notable prosperidad sin perder su identidad étnica y los había salvado de desaparecer como indígenas para convertirse en mestizos marginados.

Estos antiguos arrieros que regresaban de la costa del Pacífico con sus mulas cargadas de sal para venderla precariamente en los muchos pueblos de los alrededores sufrieron las crisis periódicas que se sucedieron entre 1940 y 1960 y que los enfrentara a una lucha de sobrevivencia, como muchos otros grupos indígenas. Después de muchos infructuosos intentos los pobladores de Ameyaltepec, como otros vecinos, producían una cerámica blanca decorada con motivos ocres, abstraídos de su contexto natural: aves, plantas, animales domésticos y silvestres, etcétera.

A estos motivos les fue agregada una extensa gama de colores que, con gran plasticidad, trasladaron a la superficie del papel amate, traído de un pueblo otomí llamado San Pablito, en la Sierra de Puebla. El variado colorido de los dibujos captó de inmediato la aceptación turística y después la estima general, ya que su comercialización, que era manejada por los propios artistas itinerantes por todo el territorio nacional, había marcado la aceptación de esta expresión artesanal de Ameyaltepec, que fue imitada por los lugareños de Oapan, Xalitla, San Juan Tetelcingo, Maxela, del municipio de Tepecoacuilco.


Grabado en papel amate.

Todo este universo etnográfico e histórico fue captado profesionalmente por Catherine Good, quien hasta hoy ha convivido fraternalmente con los pobladores nahuas de esos lugares, y quienes han visto su producción y venta de amates pintados convertida en una de sus mayores fuentes de ingreso. La manera como se ha desarrollado este pujante comercio, sin las consecuencias desastrosas para la cultura tradicional, requiere de explicación, y ése es el tema central de la obra Haciendo la lucha. Arte y comercio nahuas de Guerrero, editado por el FCE en 1988.

En 1979 se había editado un libro que significó un homenaje a la artesanía del papel amate pintado. El texto, que firmaba el señor Antonio Saldívar, recogía el testimonio oral de la vida cotidiana del pueblo de San Agustín Oapan expresada y plasmada por el artista local Abraham Mauricio Salazar en una larga y colorida serie de estampas. En ellas se describía al pueblo, la vida en familia, el río y la pesca, las tareas agrícolas, los cultivos, los animales domésticos, la fiesta del pueblo, la cosecha, la artesanía del barro, los problemas y las expectativas de sus habitantes, etcétera, aspectos que comprendían los capítulos: a) San Agustín Oapan, b) El tiempo del campo, c) El tiempo del pueblo y del comercio, d) El tiempo del amor y la esperanza y e) Epílogo. En esta última parte se destacaba el aislamiento, la marginalidad y la miseria del pueblo como contraposición a la sensibilidad artística de sus artesanos. La lujosa edición de El ciclo mágico de los días. Testimonio de un poblado indígena mexicano fue patrocinada por la SEP y el Fondo Nacional para las Actividades Sociales (FONAPAS).

El desarrollo de la arqueología del estado de Guerrero parece haber quedado supeditada a la construcción de las grandes obras hidroeléctricas, al trazado de carreteras y autopistas, a construcciones inmobiliarias, a denuncias tardías; es decir, ha dependido en la mayor parte de sus incursiones como si fuera el resultado de la aleatoriedad. No obstante, desde varias décadas atrás los lineamientos para realizar trabajos científicos han partido de personas como los pioneros, entre ellos Armillas, Weitlaner, Barlow, Hendrichs, Covarrubias, Brand, Lister, García Payón, Ekholm, Brush y otros nombres más, autores imprescindibles de valiosos informes y artículos dispersos que reflejan su influencia en las obras que ahora se han concretado en volúmenes precisos.

La región a lo largo del río Balsas ha sido, desde los años 70, la más atendida en los salvamentos arqueológicos derivados de la construcción de la presa El Infiernillo, entre Guerrero y Michoacán. De los primeros informes resultantes fueron los trabajos de Florencia Müller: Estudio tipológico provisional de la cerámica del Balsas Medio, que analizó material cerámico (tiestos) proveniente del lugar y logró hacer una lista de elementos diagnósticos, comparando los materiales con otros provenientes de pueblos de Mesoamérica y posiblemente más lejanos.

La cronología del material fue determinada de acuerdo a su antigüedad desde 1600–800 a. C. (Preclásico Medio), 800–200 a. C. (Preclásico Superior), 200 a. C.–100 d. C. (Protoclásico), 100–800 d. C. (Clásico), 800 hasta 1200 d. C. (Postclásico Temprano), 1200–1500 d. C. (Postclásico Tardío). Este análisis fue publicado por el INAH en 1979. El siguiente informe, también de 1979 y por la misma institución, fue el del arqueólogo Norberto González Crespo, quien presentó Patrón de asentamientos prehispánicos en la parte central del Bajo Balsas. Un ensayo metodológico, un intento que buscaba definir los elementos concernientes a los diversos sitios: 1. Ángulo de pendiente. 2. Distancia al río Balsas o Tepalcatepec. 3. Distancia al agua. 4. Altura sobre el río Balsas o Tepalcatepec. 5. Altura sobre el agua. 6. Área total del sitio. 7. Área construida. 8. Porcentaje de área construida. 9. Número total de estructuras. 10. Número de conjuntos. 11. Número de estructuras de cuatro ángulos (rectángulos). 12. Número de estructuras circulares. 13. Área de las estructuras, modo.