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Antropología

Después, en 1946, Weitlaner, junto con Robert H. Barlow, viajó nuevamente al estado para describir las festividades religiosas de “Todos Santos y otras ceremonias en Chilacachapa, Guerrero”. Este escrito se publicó hasta 1955. Por último, Barlow, en 1947, editó en El México Antiguo la “relación descriptiva del curato de Tlacozauhtitlan”, que era una relación geográfica del Siglo XVIII signada por el bachiller Ignacio de Mier. Este pueblo del hoy municipio de Copalillo había sido cabecera de una provincia tributaria de la Triple Alianza y conquistado por Moctezuma Ilhuicamina en sus incursiones militares de sometimiento en el norte del territorio del actual estado.

Por último, y también en el tomo VI de 1947, Barlow y Byron McAfee editaron “Un cuaderno de Marqueses”, un texto que en idioma náhuatl recabó Hendrichs en el pueblo de San Cristóbal, municipio de Ajuchitlán. Aunque en este pueblo ya no se hablaba lengua indígena, al oriente de Arcelia y norte de Tlapehuala quedaban aún algunos pueblos de habla náhuatl.

Años después, otras revistas y publicaciones especializadas (Tlalocan, Revista Mexicana de Estudios Antropológicos) acogieron las colaboraciones de Barlow, Hendrichs, Weitlaner... estudiosos de los más interesados en esta región del país. Las obras de Barlow –alguna de ellas también en coautoría con Weitlaner “Expeditions in Western Guerrero: The Weitlaner Party, Spring, 1944”– serían compendiadas en más de siete tomos a partir de 1997, mientras que las de Weitlaner continuaron dispersas en múltiples artículos, ponencias en eventos diversos, revistas especializadas, memorias múltiples, etcétera.

Pieza proveniente de Mezcala.

El caso de don Roberto J. Weitlaner es digno de considerarse con atención especial. Su obra antropológica sobre el estado de Guerrero es verdaderamente remarcable, aunque nunca logró materializarla en libros monográficos. Después de su muerte, su hija Irmgard donó el archivo personal de su padre al INAH, el cual lo puso bajo custodia y a disposición de estudiantes e investigadores en la biblioteca de la Dirección de Etnología y Antropología Social donde, convenientemente catalogado, espera la consulta de los interesados.

De entre tantos manuscritos destacan una monografía histórica exhaustiva sobre la población de Ixcateopan, pero sobre todo su “Encuesta etnográfica en el estado de Guerrero”, consistente en 1700 rasgos observados en 39 localidades, todas visitadas por él en largos viajes que iban desde el Balsas hasta la costa y por la región central de la entidad. Registró datos sobre la cultura material y costumbres ligadas a ella, sobre organización socio–religiosa, prácticas de culto y del ciclo de vida, numerosos vocabularios indígenas, etcétera.

Llegó a registrar, con su respectiva denominación, hasta 30 variedades de maíz, 20 de frijol, así como 50 clases de vegetales que los indígenas consumían en época de escasez. Su visita a Chilacachapa en 1946, en unión de Barlow, marcó el fin de su presencia en el estado. Parece ser que su escepticismo para no participar en la polémica sobre la autenticidad de los restos de Cuauhtémoc, en 1949 –además de haber sido acusado de “extranjero saqueador”–, le impidió prácticamente –lo mismo que a Barlow– su regreso a la entidad.

Una obra de imprescindible consulta, tanto para los guerrerenses como para los interesados en la historia y la antropología del estado, vio la luz en 1942 con la firma de un coterráneo, el general Héctor F. López Mena, gobernador de la entidad entre 1924 y 1927. En 1933 ingresó a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística donde se le encomendó la tarea –válida para todos los estados de la República Mexicana– de redactar el Diccionario geográfico, histórico, biográfico y lingüístico del estado de Guerrero. Tomando como base el censo general de población de 1930, con retrospectivas al de 1910, la visión totalitaria del estado que el autor resume en su enciclopédica relación de datos, pueblos, lugares y fechas, semblanzas de personajes, hechos históricos, etimologías, toponimias con su significado en lengua mexicana, fauna y flora, entre otras innumerables referencias, resulta tan satisfactoria como coherente para el momento en que aparece, antecedida por tantas aportaciones realizadas –hasta entonces– por extranjeros, quienes acudirán asimismo a ella para confirmar o comparar sus apreciaciones propias.

Al respecto, existe la suposición de que una obra anterior, inédita hasta hoy, haya servido de referencia a la aportación de López Mena. En 1904, Manuel Martínez Gracida (1847–1923), historiador oaxaqueño por vocación y “miembro honorario de la Sociedad de Geografía y Estadística de la República, de la Sociedad de Historia Natural de México y de la Sociedad Científica Antonio Alzate”, destacado como administrador de la Aduana Marítima de Acapulco, había iniciado en 1902 el Catálogo [o nomenclatura] geográfico–etimológico del estado de Guerrero, terminado en el puerto y ciudad de Campeche en 1903. Desde este lugar lo envió al entonces gobernador de Guerrero, “don Agustín Mora, el 24 de diciembre de 1903, quien me acusó recibo de la obra y lo guardó en su Secretaría Particular en vez de mandarla publicar. Esta conducta se explica; estaba enfermo y a poco murió en Puebla”.

La obra constaba de cinco secciones, “cuyos nombres [eran] los siguientes: –1/a. Geografía, –2/a. Nomenclatura Geográfica–Etimológica, –3/a. Catálogo de Flora, Fauna y Minería, –4/a. Bellezas Naturales, y –5/a. Catálogo de Coordenadas y Alturas”. Todas estas partes parecen haberse perdido con el paso del tiempo y las vicisitudes políticas recurrentes. A fines de 1920, Martínez Gracida rescató la parte correspondiente a los nombres geográficos y logró interesar a don Manuel Gamio –uno de los antropólogos más destacados de México–, director del “Departamento de Antropología y Arqueología en la Secretaría de Agricultura y Fomento”, quien dio “el consentimiento de que se pusiera en limpio”.

La advertencia de Martínez Gracida sobre el texto respectivo previene al lector de que aunque las cédulas que lo componían y que fueron salvadas del olvido no tenían la amplitud y los datos del primer catálogo, rogaba a los lectores “las vieran con indulgencia, pues éstas no habían sido ratificadas ni rectificadas como lo fueron las del catálogo primitivo. Parece que el mismo se perdió en la revolución pasada. México, D. F. 24 de diciembre de 1920. Manuel Martínez Gracida”.

La característica principal de su catálogo parecía ser exhaustiva y pretendió registrar, con su etimología respectiva en mexicano o en otra lengua indígena según el caso, todo sitio o lugar de la geografía estatal: distritos político–administrativos, haciendas, parajes, cuadrillas, pueblos, villas, cabeceras municipales, poblaciones extinguidas, barrancas, montes, cerros, planicies, cuestas, cuencas, barrancas, lagunas, ríos, arroyos, cascadas, coordenadas, linderos, mojoneras, etcétera. La nomenclatura está contenida en más de doscientas hojas mecanografiadas tamaño oficio y suman más de 2300 las fichas o menciones de lugares o puntos geográficos.

Ambas obras arriba mencionadas resultan de consulta complementaria obligada para los estudiosos de las ciencias sociales referidas al estado de Guerrero.

Toda la casi pasión que Pedro Rodolfo Hendrichs le profesaba a Tierra Caliente y todo el noroeste de Guerrero, “la tierra que destilaba leche y miel”, llegó a verla concretada él mismo en su obra más reconocida: Por tierras ignotas. Viajes y observaciones en la región del río de las Balsas.

La primera parte de la misma la publicó en 1945 y en 1946 el segundo volumen, sumando más de 500 páginas entre ambas partes, donde reunió todas las notas que en cerca de una década recabó el antropólogo alemán en sus viajes por la parte noroeste del estado. Es la expresión de un exhaustivo y sistemático trabajo de campo muy de acuerdo con la práctica antropológica de la época. En sus amplios recorridos logró describir la geografía y los recursos naturales, los habitantes, sus actividades económicas y sus técnicas peculiares y rudimentarias, sus costumbres y creencias. Pudo asimismo proporcionar una panorámica de la desintegración de los pueblos indígenas y su conversión a campesinos en aprehender dificultosamente los desvanecidos rasgos del grupo cuitlateco en sus últimos resguardos: Changata (Ajuchitlán), Tecomatlán (Cocula) y Totoltepec (Teloloapan). En vislumbrar, ante la apertura de los caminos vecinales, el empuje de los capitales y las mercancías que penetraban en las “tierras ignotas”, llevando consigo un caudal de cambios que revolucionaban y transformaban en sus habitantes la concepción del mundo, los intereses y las aspiraciones del campesino y la emigración de éste ante la escasez del agua, debido a la tala inmoderada de los bosques.

Esta magnifica obra se convirtió, con el paso de los años, en una rareza bibliográfica; sin embargo, en 2003, por iniciativa de una asociación regional denominada “Movimiento Cultural de Tierra Caliente, A. C.”, la Presidencia Municipal de San Miguel Totolapan tuvo la encomiable decisión de reeditarla en una versión facsimilar que comprendió sus dos tomos originales de 1945.