Sábado  16 de noviembre de 2019.

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Ing. Sandra de Jesús Sánchez

Ing. Fernando Sánchez Garibay

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Antropología

El periódico Diario de Guerrero, editado en Chilpancingo, se dio a la tarea de reseñar el evento. Al efecto, agregó a sus páginas un suplemento denominado “El guerrerense”, donde cotidianamente se comentaban las ponencias o exposiciones de los participantes. En el desarrollo del Congreso, la heterogeneidad de temas fue realmente enriquecedora y sólo destacaremos algunos trabajos sobresalientes, reseñados por tal medio informativo, pues no hubo, desafortunadamente, una memoria escrita que conjuntara todos los trabajos presentados.

Cántaro con tres asas, procedente de Xochipala.

Pedro Armillas y Roberto J. Weitlaner expusieron ambos partes de sus anteriores experiencias resultantes de sus viajes de 1944. Armillas presentó una “clasificación tipológica de figurillas arcaicas de la Costa Grande, muy útil para fijar la distribución en tiempo y espacio de ciertos caracteres culturales”. Además “dio a conocer ‘Las provincias arqueológicas y secuencias de culturas prehispánicas de Guerrero’, definiendo las de Tierra Caliente, región chontal del norte del estado, Yextla en la Sierra Madre, y Costa Grande”. Hizo notar la falta de exploraciones en esta parte del estado donde sólo existía la experiencia de Texmilincan. Y señaló a Guerrero como “la ruta de penetración en la época teotihuacana del centro de México atravesando Huetamo por la Sierra Madre del Sur hasta Acapulco; más tarde hicieron el mismo recorrido los toltecas y aztecas...”

Weitlaner, de la misma forma, retomó las notas de su viaje anterior y presentó “un informe arqueológico acerca de la sierra de Guerrero”, resultado de tres exploraciones en áreas de la Sierra y la Costa Grande. Los sitios de la Sierra fueron: región del río de las Truchas, Santa Elena (Totolapan), Plancito Verde, Xochipala, Yextla (Leonardo Bravo), El Naranjo y Pueblo Viejo (H. Castillo) y Santa Bárbara (Chilpancingo).

En estos lugares encontró pirámides, bases de edificios, cráneos deformados, objetos de cobre y muestras de cerámica arcaica semejante a la azteca IV del Valle de México. En Coyuca de Benítez reportó los restos de una pirámide con cerámica relacionada con Teotihuacan y otra con soportes altos tipo mayoide; objetos de la cultura tarasca sólo los encontró en las cercanías de San Juan Tehuehuetla (Totolapan).

El profesor Hugo Moedano Koer disertó sobre una de las exploraciones formales hechas a la zona arqueológica de Los Llanos de Cochoapa e Iglesia Vieja, en el municipio de Ometepec. Encontró estructuras piramidales, montículos, caminos aplanados con lajas, cimientos de casa-habitación y en Piedra Labrada “descubrió una estela con glifos y numerales, así como representaciones de un atlatl, como en Tula”.

El arqueólogo Carlos R. Margáin expuso los resultados de una visita reciente a Texmilincan o Tetmelican (Atlixtac), donde confirmó la “intensa influencia tolteca, comprobada por la existencia de tres juegos de pelota cuyo perfil resultaba igual a los de Tula y Xochicalco”.

Pedro R. Hendrichs ilustró a la audiencia con un tema muy estudiado por él en Tierra Caliente: la minería y la orfebrería prehispánicas. Aclaró que para los nativos el cobre era más apreciado que el oro y, sin embargo, empleaban técnicas para dorarlo “con hierbas y frutos cuyos ácidos actuaban sobre el cobre con alta ley de oro...”

Robert H. Barlow dio a conocer las características de “Una pintura indígena de Guerrero en París”, que era más bien un códice prehispánico con los jeroglíficos de Ichcateopan, Atlamajac, Acuitlapan y otros lugares bajo el control de la provincia de Tlapa; en otra intervención Barlow abundó en sus “Apuntes para la historia antigua de Guerrero”, en la cual determinaba para el estado tres divisiones temporales: prenahua, nahua antiguo e imperio azteca. En la prenahua existían diferentes pobladores, entre ellos invasores nómadas; luego se refirió a la llegada de los coixca y, por último, a la configuración del territorio mexica en las seis provincias de Tlachco, Tepecuacuilco, Cihuatlán, Tlauhpan, Tlacozautitlán y Quiahuiteopan.

En este sentido complementario, el profesor Salvador Mateos Higuera realizó una descripción detallada de todos los lugares y topónimos que aparecen en la región ilustrada en “el códice de Tepecuacuilco”. El profesor Mateos “propugnó por la utilización correcta y la divulgación de los nombres indígenas. Presentó además un mapa del estado dividido por municipios donde 60 de éstos aparecieron con su glifo respectivo”.

El profesor Ángel Miranda Basurto, reconocido historiador originario de Chilapa, presentó en forma breve la “Conquista y exploración de Guerrero por los españoles en el Siglo XVI” y las primeras encomiendas en este territorio. La profesora Zaida Falcón de Gyves presentó “Algunos aspectos de la geografía económica de Guerrero”, tomados de las relaciones geográficas referidas a Ajuchitlán, Ichcateopan, Iguala, Zacatula, Citlaltomahua, Taxco, Zumpango y Xalapa (Cuautepec). La maestra María Edmmée Álvarez continuó con “La evangelización agustiniana en las provincias de Tlapa y Chilapa”, misma que se inició en 1538 en Ocuituco por los frailes Gerónimo de San Esteban y Jorge de Ávila, en Tlapa, y Fray Agustín de la Coruña.

Además de su misión evangelizadora, los frailes ayudaron a la congregación en pueblos, introdujeron árboles frutales, flores, verduras y ganado, “enseñaron a los indios a sembrar y cultivar trigo” y “los adentraron en algunos oficios y edificaron templos y conventos en los cuales fundaron escuelas de primeras letras”. A este respecto inclusive el señor canónigo don Tomás Herrera y el presbítero Justino Salmerón Alcocer intervinieron para exponer la historia de “La erección de la diócesis de Chilapa y sus antecedentes”. El señor Roberto Ramos contó la historia de “El Santuario de San Payo y Santa Sabina en Acapulco en 1675”, construido por el general Juan de Zelaeta, alcalde mayor, teniente de capitán general y castellano del puerto de Acapulco.

En ese momento, al no haber todavía población blanca en el puerto, el general reclutó cuatro compañías: “una de chinos, otra de negros, la tercera de mulatos y la última formada por los vecinos del puerto. Con estos elementos y con la cooperación de algunos particulares, Zelaeta... construyó una iglesia y reparó un cuartel o cuerpo de guardia y los almacenes de la aduana”. El lugar del santuario fue el fuerte de San Diego y el 28 de abril de 1675 “a las 9:00 horas, el cura beneficiario y doctor don Cristóbal López de Osuna celebró en él la primera misa”.

Representación del parto, figura estilo Mezcala.

El historiador Ernesto Lemoine Villicaña habló sobre las vicisitudes que desde la época de Morelos habían vivido los habitantes de las tierras del sur para lograr “la erección del estado de Guerrero”. La inquietud venía desde la formación de la provincia de Tecpan y de los deseos de Vicente Guerrero por deslindar el territorio de una Mesa del Sur, de lo que después llegó a convertirse en el estado de México. La demanda por la autonomía de los habitantes surianos ante la Cámara de Diputados se fundamentaba en la lejanía del centro de poder del territorio y de las costas de la Mar del Sur y de que algunos estados, ya conformados, resultaban desmesuradamente tan amplios que se hacía necesario fragmentar. La situación de anarquía del país y la guerra contra EU retrasaron significativamente la posterior decisión del Congreso.

El maestro Anselmo Marino Flores, originario del estado, participó con el tema “La población indígena del estado de Guerrero” y cuyas fuentes primarias eran la “Geografía de las Lenguas”, la “Carta Etnográfica de México” de Orozco y Berra y el censo de 1930 en comparación con el de 1940. “Además dio a conocer la bibliografía que referente a Guerrero había logrado recopilar” hasta ese momento.

En su carácter de etnólogo, Weitlaner expuso la subdivisión en “áreas culturales del estado de Guerrero” aplicando el método cuantitativo, tomando los principales elementos culturales y su proporción y lugares de distribución que había observado en los años recientes en más de 30 pueblos indígenas, visitados cada uno por el investigador y cuyos rasgos etnográficos oscilaban entre 300 hasta 2000. Citó algunos de aquellos elementos que pudieran resultar los más representativos y “cuáles pudieran ser las relaciones étnicas y lingüísticas que reflejaba su presencia en cada una de las cuatro áreas en que culturalmente [consideraba] dividido el estado”.