Viernes  25 de julio de 2014.

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Ing. Sandra de Jesús Sánchez

Ing. Fernando Sánchez Garibay

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Lingüística del estado de Guerrero

Mixteco: El mixteco es una lengua que pertenece a la familia lingüística otomangue, originada en la Mixteca oaxaqueña, en la antigua Mixtecapan.

Los mixtecos guerrerenses ocupan la parte alta de La Montaña, donde conviven con nahoas, tlapanecos y mestizos, en el área más escarpada e incomunicada de esa región. Sin embargo, se han diseminado por toda la entidad y se localizan, principalmente, en Alcozauca, Metlatónoc y Atlamajalcingo del Monte; en menor cantidad, en Tlapa, Copanatoyac, Xalpatláhuac, Tlalixtaquilla de Maldonado, Malinaltepec y Alpoyeca; en la Costa Chica, en los municipios de Ayutla, San Luis Acatlán, Tlacoachistlahuaca y Xochistlahuaca; y en los centros urbanos, como Acapulco y Chilpancingo, donde llegan a trabajar y se quedan a vivir.

Tlapaneco: El cronista fray Bernardino de Sahagún afirma que la palabra tlapaneco significa “hombre almagrado”, porque se pintaban de rojo el cuerpo y la cara, y su ropa también era colorada. Decía que eran ricos, que su lengua era diferente a la de México y que vivían en Yopitzinco. A sus hablantes también se les conoce como yopes, palabra que proviene del mexicano xipe: “desollado”; yopehua: “despegar algo”; los yopi: “los que arrancan el cuero”.

Para Sahagún la delimitación geográfica está fundamentada por la unidad étnico–lingüística, ya que la lengua yopi es la misma (Guerrero indígena, 1997). Esta lengua sólo se conoce en Guerrero y no está registrada en ningún otro estado.

Los tlapanecos nunca fueron conquistados del todo por los mexicanos de la Triple Alianza. Actualmente (2009) esta etnia se asienta, en su mayoría, en la zona de La Montaña, en los municipios de Zapotitlán Tablas, Malinaltepec y Tlacoapa; y en Tlapa, Atlixtac, Atlamajalcingo del Monte, Metlatónoc, Ayutla, Azoyú y San Luis Acatlán también se pueden localizar pequeños núcleos de tlapanecos.

La lengua tlapaneca es una lengua tonal; es decir, dependiendo del tono que se utilice para decir una palabra, cambia el significado de la misma. Esta lengua está compuesta por siete dialectos y es muy semejante a la lengua subtiaba de Niacaragua. Algunos investigadores sostienen que un grupo yope se estableció en esa región centroamericana.

Los hablantes del tlapaneco utilizan esta lengua para todas las actividades de grupo, entre las que se cuentan los rituales, mayordomías, trabajos, etc. Esto sirve para diferenciarlos de los mixtecos, ya que, en algunos casos, comparten el mismo territorio.

Amuzgo: Es una lengua tonal, una rama del savizaa del grupo otomangue; emparienta con el mixteco, el cuicateco y el trique. Hay estudiosos que, por el contrario, piensan que el amuzgo es una familia independiente dentro del mismo grupo lingüístico.

El territorio amuzgo se localiza en el sureste del estado, en los límites con Oaxaca, en la llamada Mixteca de la Costa, que abarca los municipios de Ometepec, Tlacoachistlahuaca y Xochistlahuaca. Este último tiene la mayor densidad indígena.

En el actual territorio amuzgo se hablan tres lenguas indígenas, pero la principal es la propia ya que abarca casi la mitad del territorio y su número de hablantes es el mayor y el más característico. En menor número, le siguen el mixteco y algunos grupos nahuas originales o de asentamientos posteriores a los que se les ha llamado “nahua pastor”. El español se habla casi exclusivamente en las cabeceras municipales, por mestizos y algunos amuzgos; esto es, generalmente, para realizar tratos administrativos y políticos; sin embargo, la “lingua franca” de cada pueblo es la que corresponde a su origen étnico.

La raíz negra en Guerrero.

El espacio territorial de Guerrero es una amalgama de pueblos de distintas etnias que se fundieron, desapareciendo unas y perdurando otras. Nahuas, mixtecos, tlapanecos y amuzgos comparten su ámbito ancestral con los descendientes de los antiguos blancos europeos y con los “morenos”, cuyas raíces africanas fueron trasplantadas a esta región desde el mismo Siglo XVI. La permanencia de la raza negra en la Costa Chica ha logrado influir hasta nuestros días en las formas de ser y de hacer. Son cientos de miles de guerrerenses quienes tienen o han tenido raíz africana. Esta ha dejado en nuestra cultura una herencia musical muy importante, cuentos, objetos, instrumentos, rasgos físicos, vocablos, modismos y nombres de lugares como: Rodhesia (Costa Grande), el barrio de Guinea (Acapulco), cerro Bantú (Cuajinicuilapa), pueblo Carabalí (cerca de Acapulco). Vocablos como: chinquetero (niño que aún no camina), redondos (chozas), y’ñagual (yagual) (lienzo enredado para cargar bultos en la cabeza), chirundo (desnudo), cucucha (tórtola), zunqueto (pedazo); y muchas más, como bembo, congal, choco, birrionda, ñaco, etc. Los negros perdieron su lengua original, pero aprendieron el español agregándole rasgos expresivos fonéticos y morfología de su idioma.

En su dicción es notoria la aféresis (supresión de una letra o sílaba al principio o al final de una palabra), por ejemplo: garrar (agarrar), verdá (verdad); o el cambio de sonido de algunas consonantes, como la “j” en el lugar de la “h”: jallar por hallar, juyir por huir; de la “j” en el lugar de la “f”: juimos por fuimos, jueron por fueron, etc.

Lenguas desaparecidas.

De la relación de 27 lenguas a que se refieren Orozco y Berra, Anselmo Marino Flores y el libro Guerrero indígena sólo tenemos registrado el nombre, su probable ubicación geográfica y algunos datos adicionales, por lo que únicamente mencionaremos las siguientes:

Cuitlateco: No tiene ningún parentesco con las lenguas indígenas actuales. Fue la más extendida y se ubicó en la Tierra Caliente, la parte occidental de la Sierra y casi toda la Costa Grande. Así, abarca: Cutzamala de Pinzón, Pungarabato, Tlapehuala, Tlalchapa, San Miguel Totolapan, Ajuchitlán, Coyuca de Catalán, Coahuayutla de José María Izazaga, La Unión de Isidoro Montes de Oca, Apaxtla, Zihuatanejo de Azueta, Petatlán, Tecpan, Benito Juárez y Atoyac. Sus últimos indicios se encontraron en una cuadrilla entre Coyuca de Catalán y Ajuchitlán, en las márgenes del río Balsas, después de 1900.

Chontal: Deriva de la palabra náhuatl chontalli, que significa “extranjero o extraño”, y fue muy diferente al chontal de Oaxaca y Tabasco. En Guerrero no quedó ningún vestigio de esta lengua; se localizó a orillas del río Teloloapan, en Cocula y en Tepecoacuilco; el grupo que la habló colindaba con los tarascos, tlapanecos y mixtecos.

Matlazinca: Perteneció a la familia lingüística otomangue u otopame. Según fray Bernardino de Sahagún, matlazinca significa “indios que tiran con hondas”. Su ubicación en el estado continúa imprecisa hasta la fecha.

Mazateca: De esta lengua se conserva el vocablo “pindexu”, que era el nombre antiguo del pueblo de Ixcapuzalco y alude a unos árboles que abundan en dicho lugar. Se usó en los municipios de Pedro Ascencio Alquisiras, Ixcateopan, Taxco de Alarcón, Teloloapan y Pilcaya. A los hablantes se les llamaba mazatecos. Perteneció a la familia lingüística otomangue.

Tlacotepehua: Orozco y Berra hace la distinción entre tepuzteca y tlacotepehua, y en la Relación de Tlacotepeque se precisa que esta palabra la tomaron de tepehua, porque su propio nombre es llamarse tepeguas, que es el nombre étnico de los antiguos habitantes de Tlacotepec, y tepuzteca el nombre de la lengua que hablaron. Esta lengua debe haberse hablado en los municipios de Gral. Heliodoro Castillo, San Miguel Totolapan, Atoyac, Coyuca de Benítez, Leonardo Bravo, Chilpancingo, Mochitlán, Copanatoyac, San Marcos y Acapulco.

Tepuzteco: Es un vocablo náhuatl que quiere decir –de acuerdo con las Relaciones Geográficas– “gente que vino de algún lugar de mucho hierro o gente de hierro”, y fue la lengua que hablaron los tepehuas. De ella sólo se conserva una palabra: Andut, el nombre de su deidad o demonio. Se cree que perteneció al grupo otomangue. Se habló en los pueblos de Citlatomahua, Anenecuilco, Utatlán y Tetela.

Tuzteco: Para algunos historiadores es igual al chontal de Guerrero, pero otros estudiosos difieren completamente; se basan en que tuzteco significa idioma de Tuztlán y, directamente, al oeste de Iguala, al otro lado del río Cocula, se encuentra el pueblo de Tuztlán, antigua cabecera, quizás, de estos tuztecos.

Teco: Orozco y Berra no lo menciona para Guerrero, posiblemente porque lo consideró como dialecto, sinónimo o nombre despectivo de alguna otra lengua. Pero Hendrichs aporta datos interesantes sobre esta lengua: según la tradición oral de Totolapan, refiere que llegaron unos indios a las tierras de los cuitlatecos; éstos les hicieron la guerra y los obligaron a vivir en los llanos pantanosos del río Alahuixtlán, donde fundaron un pueblo que hoy se llama Poliutla; que aquellas gentes se llamaban politecos, por lo que el cerro cercano conserva todavía la denominación de El Politeco. La palabra teco no deriva del cuitlateco; poli significa “gritar”, de lo que resultaría: “los tecos gritones”.

Como reconoció Francisco Barriga, coordinador nacional de Antropología del INAH, durante la IV Mesa Redonda: El Conocimiento Antropológico e Histórico sobre Guerrero, realizada en la ciudad de Taxco de Alarcón del 17 al 21 de agosto de 2010, “Guerrero registra un gran número de lenguas desaparecidas. Sabemos que era una verdadera Babel indígena”. Y agregó: “… investigarlas representa una labor de filigrana que implica un amplio trabajo de colaboración entre la arqueología y la lingüística…” (Nota de Leticia Sánchez inserta en la Sección Cultura del periódico Milenio del 22 de agosto de 2010, pág. 43).

Marco normativo.

El tema lingüístico ha estado presente en las diversas reivindicaciones indígenas mexicanas, y no tan sólo en ellas. El elemento cultural por excelencia es la lengua; y, tratándose del ámbito legislativo, desde hace muchos años se oyen voces que claman por el reconocimiento de la diversidad lingüística en nuestro país y, sobre todo, por una legislación que reconozca la igualdad y dignidad de todas las lenguas y establezca un marco que regule los derechos lingüísticos.

Al publicarse la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, aprobada el 15 de diciembre de 2002 por la Cámara de Diputados, se dio un primer paso en ese sentido. En ella se señala el derecho de los pueblos y comunidades indígenas a preservar y enriquecer sus lenguas, así como el genérico derecho a ser asistidos de un intérprete en los juicios en los que sean parte individual o colectiva; prohíbe toda discriminación por motivos de origen étnico o cualquier otra que tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas (entre las que podríamos considerar la lengua); establece el apoyo a la educación bilingüe e intercultural, y las condiciones adecuadas para la adquisición, operación y administración de medios de comunicación por parte de los pueblos y comunidades indígenas, lo que se puede considerar factor importantísimo para la preservación, desarrollo y uso de las lenguas.

(HCB/VVS)