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Martí Pérez, José Julián

Licenciado en Derecho, poeta, periodista, orador y luchador social. Nació en La Habana, Cuba, el 28 de enero de 1853. Murió en la sabana de Boca de Dos Ríos, Oriente, Cuba, el 19 de mayo de 1895. Sus padres: Mariano Martí Navarro, originario de Valencia, España, y Leonor Pérez Cabrera, natural de Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias. Estudió en su ciudad natal y a los 18 años de edad estuvo preso como presunto conspirador contra la dominación española.


José Martí cuando era niño.

Desterrado a España, hizo cursos en Madrid y Zaragoza, ciudad ésta donde obtuvo el título de licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras el año de 1874.

Visitó Francia. En Southampton, Inglaterra, se embarcó rumbo al puerto de Veracruz, al que llegó el 1 de febrero de 1875. Prosiguió su viaje a la capital de la República Mexicana, donde permaneció hasta el 29 de diciembre de 1876.

En la Ciudad de México fue recibido por su padre y el licenciado Manuel Antonio Mercado, secretario de Gobierno del Distrito Federal, quien ofrecía apoyo y protección a los padres y hermanas de José Julián.

Pedro Santacilia, también cubano, yerno de don Benito Juárez, quien quedó a cargo de la familia a la muerte del Benemérito en 1872, presentó a Martí con el coronel Vicente Villada, director del periódico gobiernista Revista Universal de Política, Literatura y Comercio, a cuya redacción le ayudó a ingresar el licenciado Mercado.

La familia Martí Pérez vivía en la calle del Santísimo número 1; estaba formada por don Mariano, de oficio sastre; “doña Leonor, que comenzaba a perder la vista, y cinco hijas”.

Al morir Mariana, una de ellas, se cambian a las calles de Moneda, donde también vivían don Manuel Mercado y su familia. Esa vivienda era visitada con frecuencia por Martí; allí saboreaba las humeantes tazas de café que preparaba doña Lola, esposa de Mercado, en quien el héroe encontró cariño y amor materno.

En la Revista Universal conoce a Guillermo Prieto y al maestro Ignacio M. Altamirano, lo mismo que a José Baz, Justo Sierra, Juan de Dios Peza, Alfredo de Bablot, Francisco Bulnes, Alfredo Torroella y Antenor Lescano, entre otros.

Su primer artículo es publicado el 13 de marzo de 1875. El 17 de ese mes, el mismo órgano periodístico publica la última obra de Víctor Hugo, Mes Fils (Mis hijos), traducida por Martí.

En las páginas de los periódicos de la Ciudad de México aparecen varios de sus poemas y trabajos literarios. Desde el día 21 comienza a escribir artículos sobre Cuba, entre los que destaca “Yo acuso”, contra la barbarie española (la isla caribeña se encontraba bajo el dominio de España). El motivo del artículo era que pocos días antes habían sido fusilados en Cienfuegos 22 jóvenes estudiantes.

La casa de Rosario de la Peña y Llerena se ubicaba en la calle de Santa Isabel número 10. A esta bella mujer se le conocía como la musa de los poetas de la época. Entendía y conversaba con mucha facilidad sobre poesía, literatura, teatro y otros tópicos. Además de su juventud (28 años), “era alta, morena, de gallardo porte, ojos negros y mirada profunda”. La visitaba toda una pléyade de poetas como Juan de Dios Peza, Justo Sierra, Ignacio Ramírez, “el Nigromante”, Manuel M. Flores, Agustín M. Cuenca y algunos jóvenes del Liceo Hidalgo, sin faltar el propio Martí y el maestro Altamirano, quien presidía pontificialmente aquellas tertulias literarias, para lo cual, según refiere el escritor Castillo Piña, el autor de Navidad en las Montañas trasladó de su casa a la de Rosario “un espléndido sillón desde el cual sancionaba aquellas sesiones”.

A dos años del suicidio del poeta Manuel Acuña, estudiante de medicina, de quien se sabe estuvo perdidamente enamorado de la musa, a la señorita de la Peña se le conoció como “Rosario la de Acuña”, en razón de que él le dedicó aquel apasionado Nocturno a Rosario, del que se recuerda:

Comprendo que tus besos
jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás
y te amo, y en mis locos
y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos
te quiero mucho más.

Durante 1875 el bardo cubano participa en reuniones literarias, escribe versos en el libro de Rosario, toma parte en una polémica sobre materialismo y espiritualismo en el Liceo Hidalgo. Con efusivo romanticismo, se declara a Rosario, quien declina su amor, tal vez para evitar que ocurriera lo mismo que con Manuel Acuña. Lo cierto es que a quien verdaderamente quiso ella fue a Manuel M. Flores, autor de Pasionarias. Después, entregaría su amor al maestro Altamirano.

Puede decirse que en aquel año nace el periodista que había en Martí. Entra a la Revista Universal como gacetillero, boletinista, editorialista, cronista parlamentario, cronista teatral, crítico de arte, etc. Dice Juan de Dios Peza que era el primero que llegaba y el último que salía de la redacción. Como era extranjero en México, para escribir sobre su patria sojuzgada utilizó el seudónimo Orestes. Se llegó a decir que con sus artículos sobre nuestro país Martí se mexicanizó. En sus colaboraciones se advierte su mexicanismo y la influencia del Movimiento Liberal Reformista. Aboga, como Altamirano, porque tengamos una literatura mexicana. Afirma que la independencia del teatro es un paso más en el camino a la independencia de una nación, y se pronuncia por “la creación de un teatro realista, pero un teatro que eduque, que represente no al ser de hoy, sino lo que deberíamos ser”. Elogia un discurso de don Sebastián Lerdo de Tejada, quien era presidente de la República a la muerte de Juárez, y abraza la causa lerdista. Su pluma estuvo siempre dispuesta a la defensa de Lerdo en las páginas de la Revista.

A mediados del 75 escribe frecuentemente sobre tópicos cubanos; destacan los textos referentes a la lucha clandestina para liberar a su patria del yugo español. A este respecto, describe las hazañas, “casi mitológicas”, de Julio Sanguily, aquel valiente insurrecto a quien le faltaban ambas piernas y la mano derecha, consecuencia de una bala de cañón, lo que requería atarlo a su caballo para que pudiera pelear.

En sus recorridos por las calles del México decimonónico, anota en su libreta de apuntes lo que según la prensa de la época era común ver en la ciudad: un México romántico y costumbrista, ciudad sucia, abandonada, antihigiénica, mal alumbrada, con sus calles lóbregas, disparejas, llenas de charcos pestilentes, cantinas y pulquerías (algo muy similar a lo que Altamirano consignaba en sus crónicas cotidianas). En sus conclusiones, “acusa a quienes deben gobernar, y gobernar es servir al pueblo, y servir al pueblo es mejorar su modo de vida”.

Defiende al indio; para ello evoca las figuras de Hidalgo y Juárez e invita a luchar por implantar “una enseñanza obligatoria para redimir al hombre”. Ve erguirse y escuchar las voces indias de Ignacio Ramírez, “el indio de visión volteriana”, y de Ignacio Altamirano, el indio de dicción agreste, “y de este contraste, de esa raza que puede despertar y producir, inicia en México su conocimiento de la raza indígena”.

Hace su presencia la oposición a Lerdo de Tejada. Porfirio Díaz toma las armas. Surgen problemas laborales.

Enrique Guasp Peris, amigo de Martí, defiende a los ancianos, poniendo como ejemplo a don Guillermo Prieto, quien ya era un adulto mayor, diríamos hoy. A finales de 1875, Martí despliega su mayor esfuerzo periodístico.

La Revista reunía muchas de sus colaboraciones; “tal vez hasta anuncios hubiera redactado”, según el propio Guillermo Prieto.

Después del 28 de octubre, Martí enferma y reposa en cama todo un mes. Recibe los cuidados de su entrañable amigo, hermano y confidente don Manuel Mercado y su esposa doña Dolores.

El 30 de noviembre de 1875 aparece el último boletín del seudónimo Orestes, en el que se refiere a La Escuela de Sordomudos.

Cuando la noche del 19 de diciembre se estrena en el Teatro Principal la pieza Amor con amor se paga, asiste a la función Carmen Zayas Bazán, cubana de Camagüey recién llegada a México, quien aplaude efusivamente a Martí, autor de la obra, y se enamora de él.

El 1 de enero de 1876 se proclama, en Oaxaca, el Plan de Tuxtepec, que desconoce a Lerdo de Tejada y designa como jefe a Porfirio Díaz.

A partir de ese año, José Julián Martí se revela como cronista de arte. Deja de escribir en la Revista Universal. Ya no tiene acceso a la polémica. Visita la Academia Nacional de San Carlos y exalta el arte del paisajista José María Velasco, lo mismo que a Santiago Rebull, también pintor, por su cuadro La muerte de Marat.

Insiste en que se haga un esfuerzo a favor de una pintura nacionalista. Durante enero y febrero se sigue representando el refrán llevado al teatro, con los mejores éxitos. Los amoríos de Martí y Concha Padilla, actriz de la obra, se exacerban y escandalizan a don Mariano, padre del dramaturgo, y al mismo don Manuel Mercado.