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Neri Lacunza, Rodolfo

Jurisconsulto, catedrático y político. Nació en la ciudad de Chilpancingo el 24 de agosto de 1880. Descendiente del ilustre general Canuto A. Neri y de la señora Virginia Lacunza Galeana.

Estudió la primaria en su ciudad natal, y luego pasó al Instituto Científico y Literario del Estado de México; después, asistió a la Escuela Normal del Estado de Guerrero, y, posteriormente, a la Escuela Nacional Preparatoria, en la Ciudad de México. Más tarde, inició sus estudios profesionales de licenciado en Derecho, en Chilpancingo, y los continuó en la Ciudad de México, hasta concluirlos en la Universidad de Veracruz, en la capital de dicho estado.

En 1912, fue electo diputado al Congreso del estado de Guerrero. Impartió cátedra en el Colegio del Estado (1913–1914): Lógica, Física, Geometría Analítica, Cálculo Infinitesimal, Cosmografía y Mecánica. En 1916, fue designado magistrado del Tribunal Superior de Justicia del estado de Michoacán. En las primeras elecciones, una vez promulgada la Constitución de 1917, resultó electo senador de la República, para representar al estado de Guerrero. En 1919, se desempeñó como procurador general de Justicia del estado de Tlaxcala y, al año siguiente, fue nombrado, por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, juez de distrito en el estado de Durango, cargo que desempeñó por un año. Enseguida, el mismo Alto Tribunal lo designó juez de distrito en el estado de Nayarit, pero casi de inmediato lo comisionó con el mismo cargo en el estado de Guerrero. Fue, con breves intervalos, hasta cinco veces, magistrado del Tribunal Superior de Justicia del estado de Guerrero.

En las elecciones efectuadas el 14 de noviembre de 1920, resultó electo gobernador constitucional del estado de Guerrero. El Decreto 62, del referido año, firmado por el gobernador en funciones, don Francisco Figueroa, así lo declaró y fijó las 12:00 de la noche del 31 de marzo de 1921 para que el licenciado Rodolfo Neri Lacunza rindiera la protesta de ley ante el Congreso local, para asumir de inmediato el gobierno. Su periodo comprendía del 1 de abril de dicho año al 31 de marzo de 1925; sin embargo, desde antes que el licenciado Neri tomara posesión del cargo, en marzo de 1920, surgieron conflictos con el general Rómulo Figueroa, quien se obstinó en imponer como gobernador a Donaciano López, un miembro de su familia sin antecedentes en el servicio público. La elección, como se ha dicho, la ganó el licenciado Neri, pero la pugna se acrecentó con el nombramiento que el presidente Obregón hizo de Rómulo Figueroa como jefe de Operaciones Militares en Guerrero.

El 7 de diciembre de 1923 estalló la rebelión delahuertista en Veracruz, encabezada por el general Guadalupe Sánchez. La guarnición de Acapulco, al mando del coronel Crispín Sámano, desde el día 5 se había rebelado, y lo mismo había hecho Rómulo Figueroa desde principios de noviembre, quien ordenó a la guarnición militar de Chilpancingo que abandonara la ciudad. Rómulo Figueroa estimó que, careciendo de apoyo militar, el licenciado Neri debía rendir la plaza y retirarse del gobierno, y así lo hizo saber al mandatario, quien se vio precisado a salir de Chilpancingo el 18 de noviembre, simulando que se dirigía a México para solicitar tropas federales leales al gobierno de Obregón y habiendo rechazado de entrada la renuncia al cargo que le había sido conferido por la voluntad ciudadana.

Así, con un centenar de partidarios, tomó el rumbo de Tixtla, pero, después de pasar por Milpizaco, comunicó a sus seguidores sus verdaderas intenciones, que eran las de internarse en la sierra y descender a la Costa Grande, pues tenía noticias de que los hermanos Amadeo y Baldomero Vidales, Silvestre Castro, “el Ciruelo”, Timoteo Marín, Rosendo Cárdenas y otros jefes de reservas seguían leales al gobierno. Al conocer los planes del licenciado Neri, la mayoría de sus acompañantes lo abandonaron y se quedó sólo con 20 de ellos, convencidos de la justicia de su causa. De esta manera se inició el largo peregrinar del gobernador quien, en el Duraznal, fue atacado por Crispín Sámano. El pequeño grupo gobiernista se desorganizó y el licenciado Neri, únicamente con 12 leales, logró cruzar el río Omitlán bajo el fuego enemigo.

Después pudo refugiarse en Xaltianguis de donde partió al Ciruelar acompañado de tres personas: Efrén Leyva Vélez, que era el oficial mayor de su gobierno; Alfredo G. Castañeda, diputado local, y el empleado Alfredo Córdoba Lara. Al fin tuvo el licenciado Neri noticias ciertas de los hermanos Vidales, a quienes alcanzó en Santa Bárbara, y juntos se dirigieron a Cacalutla, donde logró integrarse una fuerza considerable de mil reservistas, los que marcharon a Petatlán para unirse al contingente de Valente de la Cruz. Ahí fueron atacados por el coronel Flores, jefe de la guarnición de Acapulco, y se libró el más importante combate, en el que alcanzaron la victoria las tropas del gobierno el 23 de enero de 1924. Después, Neri y sus partidarios tomaron Tecpan y Coyuca de Benítez donde, debido a la quebrantada salud del gobernador, éste decidió retirarse a Teloloapan; allí logró reponerse de su enfermedad y enseguida se dirigió a Zacualpan. En ese lugar, cuando los gobiernistas apenas se habían instalado para descansar, fueron atacados por los rebeldes. Las tropas del licenciado Neri resistieron con inusitada valentía y, después de combatir toda la noche del 25 de febrero, derrotaron a los delahuertistas, quienes se retiraron en completa desbandada.

Era evidente que las tropas al mando de los rebeldes sobrepasaban a las fuerzas federales leales, de ahí que el licenciado Neri se dirigió de Zacualpan a México y fue recibido de inmediato por el presidente Obregón, a quien solicitó y del que obtuvo suficiente apoyo militar. De esta manera, el gobernador regresó a Guerrero y el 31 de marzo de 1924 estaba de nuevo en el Palacio de Gobierno de Chilpancingo: procedió a la reorganización de los poderes legítimos y el 3 de mayo del referido año, por Decreto 38, declaró nulos y sin ningún valor todos los actos del llamado gobierno provisional, así como de todas las oficinas de su dependencia. El gobierno, totalmente espurio, a cargo de Urbano Lavín, nombrado en una junta de generales por Rómulo Figueroa, durante poco más de cuatro meses y medio que duró la rebelión delahuertista en Guerrero, no logró en ese breve lapso organizar a su gabinete. Pudo actuar en pocas regiones que controlaban los sublevados y, en general, el pueblo no lo reconoció, ni siquiera en esas zonas, pues las fuerzas que lo apoyaban se mantenían a base de préstamos forzosos y fueron derrotadas por voluntarios que apoyaban al gobierno legítimo.

Se ha discutido si el licenciado Neri Lacunza fue el primer gobernador constitucional del estado de Guerrero que terminó su periodo. Lo cierto es que rindió al Congreso los cuatro informes que le correspondían; pagó los sueldos atrasados a los funcionarios y empleados públicos, aun en el tiempo que duró en Guerrero la rebelión delahuertista; y, en los meses que fue perseguido y combatió en la sierra y la Costa Grande, no dejó de representar su investidura, porque luchó, en efecto, para preservarla, considerando que ésa era la obligación de un gobernante ungido con el voto popular. Al concluir su mandato, pudo entregar en paz el poder a su sucesor: el general Héctor F. López.

En el mismo año de 1925 volvió a su sillón de magistrado en el Tribunal Superior de Justicia del estado, donde permaneció hasta 1968, con dos breves intervalos: de 1941 a 1943, en que fue juez de primera instancia en el Distrito Judicial de Tabares (Acapulco), y de 1961 a 1963, cuando se hizo cargo del Departamento Jurídico de la Dirección de Pensiones al Servicio del Estado.

Jubilado como magistrado, volvió a la cátedra en la Universidad Autónoma de Guerrero, como titular de distintas asignaturas: Lógica, Derecho Romano, Matemáticas, Epistemología, Gramática Castellana y Derecho Civil, materias que impartió hasta un año antes de su fallecimiento, ocurrido en la capital del estado el 4 de septiembre de 1972. El gobernador en turno, licenciado Israel Nogueda Otero, dispuso que se le diera sepultura en la Rotonda de los Hombres Ilustres. Los miembros de los tres poderes del estado estuvieron presentes en la ceremonia luctuosa, acompañados de una multitud de ciudadanos.

Cuando asumió la gubernatura, dijo ante los legisladores: “cualesquiera que sean los acontecimientos que encierra el futuro, puedo asegurar que como gobernador, se me encontrará siempre en el sendero del deber y de la ley”. El licenciado Rodolfo Neri cumplió su palabra; arriesgó su vida en un peligroso lance, y casi desarmado y con muy pocos hombres leales enfrentó a los rebeldes, con el único sostén de su inquebrantable fe en la justicia de la causa que defendía y que fue, en todo tiempo, la de mantener a toda costa el gobierno legítimo que representaba.

El diputado Policarpo Sierra y Guevara, quien contestó su último informe, expresó: “en una palabra, no os dejaron gobernar en paz, pero estamos advertidos de que todos sus esfuerzos tendieron siempre a cumplir con vuestro alto encargo, motivo por el cual debéis sentiros satisfecho y al salir airoso de las turbulencias de vuestros enemigos, que más que vuestros enemigos lo son del pueblo mismo, el aplauso a que os habéis hecho acreedor por vuestra administración honrada, sea trocado en eterno anatema para esos pérfidos que en mala hora vieron la luz en esta tierra de libertades”.

Tres son los más importantes legados de Rodolfo Neri a su pueblo: su ejemplo de apego a la ley cuando su gobierno se vio sacudido por la violencia armada; los años que dedicó a la cátedra en disciplinas tan disímbolas como las ya apuntadas; y el tiempo, el más largo de su vida, en que se empeñó en impartir justicia, ciñéndose al derecho, pero también bajo una moral insobornable.

Escribió y publicó, con sus propios recursos, los libros siguientes: Elementos de cálculo diferencial e integral; Lecciones de lógica y epistemología; Poesías; y, La rebelión delahuertista en el estado de Guerrero.

(JPLC)