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Ing. Fernando Sánchez Garibay

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Bartolo Tavira, Juan

Músico y repentista (improvisador). Nació en Corral Falso, comunidad del municipio de Ajuchitlán, el 24 de junio de 1855, en plena efervescencia del movimiento de la Reforma; allí mismo murió el 15 de marzo de 1923. Fue hijo de los señores José María Bartolo y María de Jesús Tavira, quienes procrearon, además de Juan, a otros seis hijos: Tomasa, Silvestre, Tirsa, María, Juan Carlos y Sixta, según su biógrafo José Espinosa Quiroz.

Juan Bartolo Tavira (disco: Hermanos Tavira, 150 años de tradición musical de la Tierra Caliente).

De Juan Bartolo, como coloquialmente se le conocía, se dice que tuvo dos matrimonios; del primero nació una hija llamada Paula; en segundas nupcias su esposa fue Juliana López, de este matrimonio nacieron seis hijos: Anita, María de Jesús, Prudencia, José Guadalupe, Félix y Zósimo, aunque el biógrafo antes citado afirma que fueron nueve.

Este personaje sin duda ha sido el más famoso repentista que ha tenido la Tierra Caliente.

Fue analfabeto. Desde chico ayudó a sus padres en las faenas del campo. Alternó su vida como campesino con la de músico. Hay quienes piensan que debió tener estudios, dado que sus composiciones musicales llevan la letra tan rimada y medida que sólo un hombre estudiado podría haberlo conseguido. Pero en esos tiempos ninguna escuela del rumbo pudo haberle enseñado tal cosa. Fue talentoso por naturaleza. Las letras y la música fueron memorizadas. Tampoco escribía nota. Él mismo y sus oyentes memorizaron sus composiciones.

Tocó la guitarra con facilidad y era un experto en la ejecución del arpa (se afirma que fue el mejor), instrumento que se usaba en los conjuntos de música regional, que eran principalmente intérpretes de El son y El gusto. El arpa fue entrando en desuso y ahora ha desaparecido de los grupos ejecutantes.

Nunca volvió a separarse de estos instrumentos porque se dedicó más a la música que al campo. Sus participaciones eran obligadas en ferias, fandangos y festejos pueblerinos. Fueron célebres muchos versos inventados de repente; según se presentaba la ocasión para adaptarlos, en ese momento los componía. Muchos de esos versos o coplas han pasado de boca en boca a través de los años.

Hay coleccionistas de su obra; uno de ellos fue Salvador Santamaría; ahora lo es Joel Cortés Varona, quien la interpreta acompañado de guitarra o simplemente la recita. La UAG patrocinó un disco compacto con la voz de Varona y las coplas de Juan Bartolo.

Es de admirarse el doble sentido de los versos, o la satírica incisión como si fuera un epigrama, pero no son expresiones groseras, que irriten, sino insinuantes y provocadoras, con ingenio francamente picaresco.

A los 18 años de edad ya combatía en los ejércitos que comandaba en Huetamo, Michoacán, el general Vicente Riva Palacio. Debido a que se relacionó con él durante la estancia de éste en aquel lugar se dice –por tradición– que Juan Bartolo le puso música regional a unos versos que el talentoso general hizo para mofarse del Imperio de Maximiliano al ser derrotado. Esta composición pronto se popularizó con el nombre de Gusto federal, clásico son que mucho se pide –incluso en la actualidad– en las fiestas regionales para zapatearlo.

Otros sones y gustos de su autoría son La tortolita, La petenera, San Agustín victorioso (en este corrido hace que los animales sean partícipes en el tema). Se presentan a continuación algunas de sus coplas picarescas:

Yo a mis palomas les dije
que ya no las mato yo,
pues una cosa me aflige:
que aunque quiera, yo ya no,
se me descompuso el rifle
y el parque se me acabó.

Yo enamoré a una catrina
pensando en el casamiento,
y me contestó la indina:
–A usted se le pasó el tiempo,
pa’tocar la golondrina
ya no sirve su instrumento.

¡Cómo me duele el pescuezo
de cargar tanto el costal!
El hombre que va pa’viejo
ya no echa viaje cabal,
se queda como la avispa
muy pegadito al panal.

Todo aquel que va pa’viejo
sin poderlo remediar,
si lo mandan a echar agua
ya no echa viaje cabal,
se queda como la avispa
muy pegadito al panal.

Ya de este mundo me alejo,
por un temor me demoro;
con justa razón me quejo:
ya no me adoran, ni adoro,
hago lo del perro viejo
nomás me lo lambo y lloro.

Mi caballo se cansó,
voy a cortar una vara,
miren lo que sucedió,
es una cosa muy rara:
como anoche no cenó,
cada rato se me para.

A una catrina tenté
y me dijo al referirme:
–¡Ah qué tarugo es usted,
con tentar nada consigue!,
si quiere se lo daré,
para eso es, pero se pide

Un guitarrero maldito
le dijo a una mujer sola:
que jugaran un ratito
a disparar la pistola,
y ella le dijo quedito:
–La verdad no puedo ahora,
porque me salió un granito
a la mitad de la zorra.

Pobre del rey Salomón
con sus mil y más mujeres,
si yo con una que tengo
me doy contra las paredes;
¿de veras les cumpliría
a todas con sus deberes?

Una hormiga colorada
le dijo a la vieja arriera:
–No te juntes con cualquiera,
ni te muestres apurada
porque no aguantas la hoguera.

De nada sirvió el cuidado,
naranjita de mi huerta,
teniendo tan buen cercado
te encontré en el suelo abierta;
¡nunca lo hubiera pensado,
pero no cerré la puerta!

Ya no te pude cortar,
naranjita de mi huerta
por dejarte madurar
me confié y no estuve alerta;
cuando te vine a buscar,
ya te hallé en el suelo abierta.

Nunca entregues el amor
sin pleno consentimiento,
porque después ya no vale
tener arrepentimiento;
una vez quebrado el jarro
no se le solda el asiento.

Hay cosas en este mundo
que no se pueden cuidar:
una cocina sin puerta;
la mujer y un platanar;
pues si el dueño se descuida
otro se come el panal.

Me dicen el gavilán
porque soy animal bueno,
donde pido allí me dan
y todas las noches ceno;
nomás no puedo engordar
porque como, y no me lleno.

En la cárcel de Coyuca
preso estuve y sin delito,
nomás por una papaya
que picó mi pajarito:
mentiras, no le hice nada,
ya tenía el agujerito.

Hoy que andaba cortando uvas
con mi querida, temprano,
le dije no las sacudas,
córtalas con todi ramo;
ahí me dejó la cornuda
con el racimo en la mano.

Si de veras nos queremos,
si de veras nos amamos,
el amor nos ha de entrar
a los dos por donde meamos;
lo demás son cuentos chinos
si a las pruebas no nos vamos.
¡Ay, viejas, ya amaneció,
ya no se anden desvelando!
no dejen sus casas solas
ni sus criaturas llorando;
la carne que ustedes buscan
aquí la traigo colgando.

Al pie de una malva en rosa
a una viuda enamoré,
y me dijo la graciosa:
–No puedo, me duele un pie,
pero si es para esa cosa,
aunque sea cojeando iré.

Yo le dije a una bonita
que si me lavaba un paño,
y me dijo la maldita:
–Si usted quiere hasta lo baño,
véngase de mañanita
que de tarde hace daño.

El pájaro carpintero
para trabajar se agacha,
hasta el pico le retacha;
yo también soy carpintero
cuando estoy con mi muchacha.

Soy palo de guayacán
del corazón azulejo,
yo soy como el gavilán
que las pico y a’í las dejo;
las echó al camino real;
y que las pique otro... viejo.

(EAV)