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Burgos Alanís, Raúl Isidro

Educador y poeta. Nació el 21 de junio de 1890, en Cuernavaca, Morelos; falleció el 10 de abril de 1971 en la Ciudad de México; sus cenizas fueron llevadas a Tixtla y depositadas en un monumento que levantaron en su honor en la Escuela Normal de Ayotzinapa, la que hoy lleva su nombre. Fue hijo único de Anastasio Burgos, de origen español, y de María de la Luz Alanís. Sus abuelos maternos eran comerciantes y dueños de terrenos; se cuenta que ella fue dama de honor de la emperatriz Carlota, quien la escogió impresionada por su belleza.

 Inició la primaria en su ciudad natal y la terminó en el D. F, cuando su familia tuvo que trasladarse a vivir a esa ciudad; más tarde ingresó a la Escuela de Artes y Oficios, luego se inscribió en la Escuela de Comercio, pero ninguna de las dos satisfizo sus aspiraciones.

En 1904 entró a la Escuela Nacional Preparatoria, la cual también abandona, al parecer por motivos económicos. El nivel profesional lo alcanzó en la hoy Benemérita Escuela Nacional de Maestros, donde se graduó en 1912. Hizo un curso de piano en el Conservatorio Nacional de Música.

En 1912 empezó a trabajar como profesor en la Ciudad de México. En 1914 asistió al Primer Congreso Pedagógico, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, donde hizo un brillante papel, lo que le valió ser nombrado, por el gobernador, inspector escolar y, pocos meses después, director de la Escuela Normal del estado.

Cuando regresó a la capital de la República, fundó la escuela particular Antonia L. Arellano, la cual con el tiempo se federalizó.

En 1920 volvió a Chiapas para ocupar el cargo de inspector municipal en Tapachula. Ahí fundó otra escuela primaria particular a la que llamó Minerva. Al mismo tiempo se desempeñó como secretario de la escuela preparatoria de la cual era catedrático. En esa ciudad vivió siete años.

Retornó a la Ciudad de México y la Secretaría de Educación Pública (SEP) lo envió a trabajar, en 1927, a la sierra de Puebla, como docente, y en 1928 a Guerrero como inspector de la Tercera Zona Escolar, que abarcaba gran parte de la Tierra Caliente, puesto que ocupó hasta el 5 de agosto de 1930.

En su casa de Arcelia sostenía, con sus propios recursos, una especie de internado en el que varios muchachos estudiaban la primaria; en esta actividad lo ayudaba su esposa Rosita Gordillo, mientras él hacía las visitas de inspección a las escuelas de su zona, las cuales duraban entre uno y dos meses, por la extensión de la zona y la falta de caminos accesibles en esa época.

Seguramente, por su altruista labor, en agosto de 1930 fue nombrado director de la Escuela Normal de Tixtla, en sustitución del profesor Rodolfo A. Bonilla, fundador de esa institución. El 1 de septiembre de 1930 llegó a la ciudad de Tixtla acompañado de su esposa y de su pequeña hija María del Carmen para tomar posesión del cargo. La escuela funcionaba en una casa rentada, pero el maestro Burgos consiguió los terrenos de la vieja hacienda de Ayotzinapa, ubicada a dos km de la ciudad.

En diciembre de 1931, con la ayuda de maestros, alumnos y padres de familia empezaron los trabajos derribando las ruinas de la hacienda y en marzo de 1932 se inició la construcción del edificio. Éste fue inaugurado el 30 de marzo de 1933. El maestro Burgos ejerció su loable labor en esta Normal hasta 1935, después fue enviado por la SEP a Tlatlauqui, Puebla, con el cargo de director de la Escuela Normal, la que ahora funciona en Villa de Xochiapulco, del mismo estado.

Posteriormente fue nombrado oficial mayor de la SEP; en Chiapas desempeñó la doble función de director federal y estatal de Educación; en Puebla fue jefe de Misiones Culturales, y en Colima inspector de Misiones Culturales. En 1956 obtuvo su jubilación después de 50 años de servicios ininterrumpidos y de haber recibido la Medalla Ignacio Manuel Altamirano, se retiró al descanso con su familia en una casa de interés social que había adquirido en la colonia Sifón, en la delegación Iztapalapa del D. F.

El 5 de junio de 1969, en Oaxtepec, Morelos, un grupo de profesores de distintas regiones del país le rindieron homenaje al maestro Burgos. Ahí se vertieron conceptos como los siguientes: “En México no podrá mencionarse a las misiones culturales, internados indígenas, escuelas normales rurales (e) inspecciones de zona de enseñanza primaria, sin recordar y bendecir a este santo varón de mirada bondadosa, voz pausada, conducta limpia, discurso sereno, armonioso, sabio, que posee el vuelco viril, impregnado de libertad y de vida…; libertad concreta que se conquista con el esfuerzo propio”. (José Rodríguez Salgado. Una fecha para recordar, deceso del profesor Raúl Isidro Burgos Alanís, semblanza fechada el 24 de abril de 2007).

En una ceremonia organizada por el Gobierno estatal el 24 de abril de 1971 para depositar las cenizas del maestro Burgos en terrenos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, varios exalumnos distinguidos expresaron con emoción conceptos que describían su personalidad y alta calidad humana, entre ellos:

Celedonio Serrano Martínez: “Es al frente de esta escuela donde el maestro Burgos alcanza su mayor gloria y se consagra como un verdadero apóstol de la educación normal rural de México…”

Miguel Aroche Parra: “Como maestro y como hombre, Raúl Isidro Burgos representó el modo más consecuente, más sostenido, de la idea y la práctica de una escuela rural, corazón de las comunidades rurales, impulsora del cambio social…”

En una tarde de plática amena con el profesor José Rodríguez Salgado le dio cuenta de algunas recomendaciones que solía dar a los jóvenes:

“Condúzcanse siempre con la verdad, aunque se desplomen los cielos; antes de tomar una decisión, pónganse una bolsa de hielo en la cabeza; nunca gasten más de lo que ganen; obren siempre con la mayor sencillez y modestia; tengan presente que quien habla mucho, mucho peca, esto es, no pierdan la oportunidad de quedarse callados, siempre son buenos los periodos de mutismo, es decir, de austeridad verbal. Con respecto a la política comentó: si son aficionados y/o se interesan por esta actividad, que es algo serio, recuerden que la política es el arte de conciliar intereses”.

El ilustre pedagogo también fue poeta y su canto a esta tierra, que aceptó como suya, se inmortalizó en canciones como Refresquerita de Iguala, Guerrero es una cajita, Florecita de cueramo y Lágrimas, entre otras; a las dos primeras les puso música el maestro Antonio I. Delgado.

En 1919 publicó un libro de poemas: DO RE MI FA SOL (con el pseudónimo de Darío Brul). También escribió un drama titulado La intrusa, el cual dejó inconcluso.

El pueblo tixtleco y las autoridades municipales decidieron cambiar el nombre del Callejón de la Enseñanza, donde el maestro Burgos y su familia tuvieron su domicilio particular durante varios años, para ponerle el de Raúl Isidro Burgos, con el objeto de rendirle un postrer homenaje de gratitud y reconocimiento.

“Pocos ejemplos podrían demostrar mejor la capacidad creadora del magisterio, en muy contados casos la fe en las posibilidades de la educación ha sido tan fecunda como en la obra del maestro Burgos. Amigo inquebrantable de los campesinos, particularmente de los indios, escogió los lugares más abruptos de México para llevar su mensaje de humanismo creador. Generosa combinación de maestro y obrero.” (Palabras de José Rodríguez Salgado en el homenaje nacional tributado al maestro en Oaxtepec, Morelos, mayo de 1967).

(JAL/VVS)