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Cárdenas Bello, Héctor Manuel

Maestro, compositor y artista plástico. Nació en Chilpancingo de los Bravo, Guerrero, el 27 de noviembre de 1938; murió el 21 de noviembre de 2006. Hijo único del matrimonio que integraron el señor Artemio Deloya Cárdenas, originario de La Palma, Municipio de Juan R. Escudero, y la señora Cristina Bello Bonilla, de Tixtla. Por razones desconocidas, los hermanos Deloya Cárdenas invirtieron sus apellidos, de allí que el nombre de Héctor Cárdenas Bello quedara de esta manera en vez de Héctor Deloya Bello.

Nunca usó su segundo nombre hasta la profesional; su formación académica la hizo en Chilpancingo: la educación preescolar la cursó en el Jardín de Niños Bertha von Glümer; la primaria la inició en la Escuela Primer Congreso de Anáhuac y la culminó en la Escuela Vicente Guerrero; la secundaria y la normal en el Colegio del Estado, teniendo como maestro de música a José Agustín Ramírez. Cursó dos años en un seminario católico  de la Ciudad de México, después se bautizó con los mormones, acudiendo a las ceremonias religiosas durante algún tiempo para luego alejarse definitivamente de esas prácticas.

Al divorciarse los padres quedó bajo la protección de sus tías Graciela y Ramona, a quienes cuidó hasta que fallecieron. Desde muy joven se despertó en él la pasión por el arte; la vena artística proviene de ambos padres: su padre pintaba, componía canciones y tallaba figuras de madera, mientras que su madre tenía por orgullo el ser sobrina de Margarito Damián Vargas.

Inicialmente comenzó a pintar –pasión que nunca abandonaría–, recibiendo buenas e importantes críticas por parte de artistas plásticos de la talla de Leopoldo Estrada, pero su carácter introspectivo y reservado le impidió mostrar su obra a la luz pública; sólo pudo ver uno de sus cuadros colgando en la casa del escritor Herminio Chávez, en Tepecoacuilco.

En su naciente vocación por la plástica se pueden apreciar los temas que predominarían en toda su creación artística; éstos eran los relacionados directamente con los pueblos, las ciudades, los paisajes y los personajes guerrerenses, así como con las costumbres, las tradiciones y la historia de su tierra y de otros lares.

Aproximadamente a los 20 años de edad comenzó a escribir los primeros de muchos boleros que lo colocarían en un lugar especial entre los grandes compositores de Guerrero, esto surgió cuando en cierta ocasión que abordó el transporte urbano conoció a un chofer que le contó sus problemas sentimentales; conmovido por la historia, don Héctor se comprometió a escribirle un poema, el cual musicalizó, desafortunadamente nunca se volvieron a ver, pero de ese encuentro surgiría la canción Mi tesoro. A pesar de que nunca tocó la guitarra, aprendió a esquematizar mentalmente la estructura de sus melodías entrelazándolas con sus versos, para luego, con los músicos, lograr el resultado armónico y melodioso de sus canciones.

Fue por esos años, ya licenciado como profesor, que obtuvo una plaza en la Escuela José María Morelos y Pavón, en Chilpancingo; allí dio clases siete años hasta que renunció para atender una tienda de abarrotes propiedad de su tía Concepción Bello en la calle Abasolo. Al irse la tía a radicar a la Ciudad de México, Héctor Cárdenas se fue un mes a Zihuatanejo, ingresó de nuevo al magisterio, esta vez como maestro rural en Mexteopan (municipio de Chilapa), Taxco, Atoyac, Santo Domingo y Acapulco, entre otros.

En su peregrinar fue recogiendo imágenes y vivencias que alimentaron su inspiración y fomentaron la escritura de muchas de sus canciones; renunció después de largo tiempo de servicio y abrió un restaurante en la casa de sus tías que, al fracasar, cerró y reinstaló en la carretera nacional México-Acapulco, pero también fue infructuoso su empeño.

Consiguió una plaza de policía judicial, desempeñándose como comisionado en la Casa de la Cultura de Chilapa, inaugurada en 1989, y de la cual fue uno de los fundadores; para ese entonces el Patronato de la Feria de Navidad y Año Nuevo de Chilpancingo, fungiendo como presidente municipal de esa ciudad el licenciado Florencio Salazar Adame, había editado en 1986 en formato LP su primer disco, titulado “Héctor Cárdenas canta a Guerrero”, con arreglos del maestro Ángel Bringas y la participación musical de los hermanos Godínez de Quechultenango; debido al éxito de este material sus canciones se hicieron ampliamente conocidas en el estado, ganándose el gusto y la preferencia del pueblo.

Con la misma plaza fue adscrito para ocuparse de las investigaciones del cartel Así somos…, en el programa de radio En busca de nuestras raíces y en el programa televisivo Sus voces son nuestra historia. En 1992, Manuel Ariza Acevedo, empresario de Chilapa y admirador del compositor, pagó el segundo disco, también en LP, titulado “Héctor Cárdenas canta a su estado Guerrero”, esta vez con la colaboración de Angelino Domínguez y el grupo de su hermano Rafael.

Con esta segunda producción se catapultó su fama de compositor y se le conoció con el sobrenombre de “el pintor musical deGuerrero”; muchos solistas y grupos musicales comenzaron a interpretar sus letras que por su contenido son consideradas emblemáticas y distintivas de ciertas regiones: Chilapa, Azoyú, A San Jerónimo, Canción de Ometepec, Vámonos a Mochitlán, Petaquillero, Allá en la Quebrada, Taxco Colonial y Tata Jesucristo, Corrido a Iguala, Soy zumpangueño, Novia de Tlapa, Nuevo Chilpancingo, Pie de la Cuesta, Lindo Atoyac, y Boda costeña, son ejemplo de algunas de ellas. Destacando significativamente aquellas hechas a algunas ciudades europeas, como Venecia y París, y a las que viajó, como a muchas, a través de la lectura.

Insoslayables en su repertorio son las canciones de desamor, como Vivirás con un cadáver, ¿Por qué me rompes los vidrios?, entre otras. Su importancia llegó a grado tal que el maestro Juan Carranza Soriano escenificó muchas de sus canciones.

En vida fue objeto de múltiples reconocimientos y homenajes, destacando el realizado por sus 30 años y en el que gracias a la cooperación de los chilpancingueños se logró reunir una cantidad económica que le fue otorgada. Al homenaje asistieron distintas personalidades y autoridades y se convocó a sus principales intérpretes. Por su carácter tímido y su resistencia a participar en actos públicos sus amigos lo persuadieron para asistir y cantar sus más recientes letras.

Meses más tarde, el profesor José Rodríguez Salgado le otorgó plaza administrativa en la Secretaría de Educación, comisionado a la biblioteca de la Casa de la Cultura de Chilapa, en la que vivió hasta sus últimos días, habitando uno de los cuartos.

En 2003 el C.P. Daniel Pano Cruz, titular de la Secretaría de Educación Guerrero, le organizó otro homenaje público en el Salón Diamante de Chilpancingo, al que asistieron el entonces presidente municipal profesor José Luis Peralta Lobato, gente representativa de la sociedad y del ámbito político e intelectual, y reconocidos artistas, destacando en su participación el grupo de danza Xochicalli, de Juan Carranza Soriano, con la representación de la canción Chilapa.

En 2006, la Unidad Regional Guerrero de Culturas Populares e Indígenas y el Instituto Guerrerense de la Cultura, por medio del PACMYC 2005, editó un disco compacto titulado “Canciones de mar y brisa”, que el compositor grabó con arreglos de jazz hechos por la agrupación musical Guerrero Jazz. Ese mismo año su salud comenzó a deteriorarse, el señor Ismael Catalán, amigo íntimo, lo llevó al hospital de Zumpango en el que recibió la atención desinteresada del galeno internista Javier Merino Oliveros, pero su condición física era muy delicada; muere el 21 de noviembre a consecuencia de un infarto al miocardio.

Un día antes estaba programado para cantar con el trío Chilpantzin, de David Nava, en el Centro Cultural Chilpancingo Teatro María Luisa Ocampo. Se le ofició una misa de cuerpo presente en la Catedral de la Asunción de María, en Chilpancingo, al final fue trasladado al panteón municipal, donde lo sepultaron ante la asistencia de muchas personas, entre ellas numerosos trovadores y bohemios.

El evento en el que estaba programada su participación se tornó en un homenaje póstumo; luego de la sepultura sus amigos se dieron cita en el Teatro María Luisa Ocampo; Isaías Alanís, David Adame, Jesús Peredo, Joel Cortés y Omar Salinas estuvieron a cargo de ello.

El legado de Héctor Cárdenas rebasa las más de 1500 composiciones e innumerables cuadros; el rescate de su obra se debe en gran medida a Tulio Estrada Castañón e Ismael Catalán; se sabe que la última canción que escribió fue Deyma, dedicada a Deyma Ávila Flores. Actualmente, el reloj de la Catedral de Chilapa, antes de dar la hora, entona la música de su canción. Sus canciones son difundidas por los principales exponentes de nuestra música.

(AND/JPLC)