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Catalán Mancilla, Roberto (el Güero Sol)

Personaje popular de Chilpancingo. Nació en Aguas Blancas, Municipio de Coyuca de Benítez, en 1900; murió el 7 de agosto de 1960 en Chilpancingo. Sus padres fueron Mariana Mancilla y Julio Catalán.

Se le identifica con el apodo de “el Güero Sol” por el color de su piel sonrosada. Era medio albino, de barba y cabello rojizos.

Fue de ingenio espontáneo, simpático, agradable, y otras veces irónico, hiriente y fustigador. Por sus dicharachos, dirigidos generalmente a servidores públicos y políticos, todo aquel que le escuchaba se desbordaba de risa.

Tenía buen humor, se le atribuyen muchas anécdotas guardadas en la tradición oral de los chilpancingueños.

Alguien lo retó y le dijo que con el gobernador no se metiera; él contestó que sí; era mandatario el general Adrián Castrejón (1929–1933), que se encontraba en el palacio. “El Güero”, a gritos, le recordó a su progenitora; los guardias lo detuvieron por insultar al jefe máximo, lo llevaron frente a él, quien, furioso, iba a darle fuetazos; tan alerta estaba “el Güero” que afirmó: “Mi general, eso dicen los que no lo quieren, sus enemigos; yo, que he estado bajo su mando, reconozco y grito: ¡Viva mi general Castrejón!” Cambió el rostro del gobernante; comenzó a reír por la respuesta y le dio unas monedas por el elogio que había hecho.

Se dice que un día fue, temprano, al rastro a juntar huesos de semovientes; llenó un costal; se puso a la puerta del Palacio de Gobierno. Tomaba posesión el general Gerardo Rafael Catalán Calvo como gobernador del estado, fecha en que asistió el presidente de la República, Manuel Ávila Camacho. “el Güero Sol”, a la entrada del recinto, repartía huesos; algunos se molestaban y otros reían.

Durante muchos años la plaza principal de Chilpancingo lucía dos jardines: el Cuéllar, donde había un kiosco, y el Bravo, presidido por la estatua del “héroe del perdón”; ésta, con índice de fuego, señalaba la puerta del antiguo Palacio de Gobierno, “el Güero”, con risa y con rabia, aplaudía la decisión del escultor, pues sólo así, afirmaba, se podía significar “la casa de Alí Baba... y los cuarenta ladrones...”; y, con voz estentórea, decía: “Sésamo, ábrete”.

En tiempos del general Baltasar R. (Reyes) Leyva Mancilla, cuando ya los efluvios del vino lo dominaban, “el Güero”, en la calle, se soltaba a gritar para zaherir al poderoso: “Por desgracia soy Mancilla; por orgullo, Catalán”.

Nació con estrabismo; se valía de eso para asustar a las personas con sus gestos, pero sin hacer daño. Por accidente causó la muerte de su hermano Francisco, quien trataba de llevárselo a casa, mas él no quería irse; de pronto vio un hueso de res tirado en la calle que le hundió al lado del corazón. Fue encarcelado por el delito.

Vendía libros considerados en esa época pornográficos, de lectura especial para personas mayores.

Salió a la venta un periódico semanal llamado El Güero Sol; lo editó Humberto Ochoa Campos; fue muy popular y se sostuvo por dos años (1945–1947).

En un día lluvioso de agosto se resbaló en la calle y se golpeó en la cabeza. Como consecuencia, guardó cama y falleció en la calle Altamirano, en casa de unos familiares.

(AND/NJR)