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Gómez Cisneros, Tomás

General brigadier. Maderista y constitucionalista. Nació en Arenal del Norte (hoy Arenal de Gómez), municipio de Benito Juárez, el 7 de marzo de 1872, y murió, asesinado por Desiderio Villegas, el 24 de diciembre de 1914. Fue hijo de Alejandro Gómez Cebreros y Rosa Cisneros Valdovinos; él era un campesino sin instrucción, pero de carácter obstinado, y ella, una valerosa mujer, hija de una española que la dejó huérfana a los siete años.

Tomás fue uno de sus 18 hijos. Con su esposa, doña Plutarca Maganda Cadena, procreó 15 hijos, entre los que hubo revolucionarios, luchadores sociales y un gobernador del estado.

Juan Pablo Leyva y Córdoba, en un excelente ensayo biográfico sobre Alejandro Gómez Maganda, Las vecindades de la muerte, nos ofrece una amplia descripción de la vida y acciones de don Tomás, padre de éste, y del cual tomamos la mayor parte de los datos.

Tomás Gómez, destacado personaje de la etapa revolucionaria, fue un peón, un empleado, una víctima, como muchos, de los ambiciosos españoles radicados en Acapulco. Trabajaba con los B. Fernández y Cía. en la Costa Grande y su carácter rebelde “lo hizo líder natural de los peones y los medieros”.

Cuando fue arriero conoció a Julián Blanco, con el que cultivó una estrecha amistad que derivó en compadrazgo. Esta relación duraría hasta la muerte de Tomás.

A principios de 1910 tuvo un altercado con un alférez de la Acordada, a quien golpeó, por lo que fue detenido, golpeado, humillado y sentenciado a ser enviado a las montañas del yaqui donde seguramente perecería. Fue su compadre Julián Blanco, con la ayuda de doña Rosa Cisneros, la madre de Tomás, quienes lo rescataron de la cuerda de reos al pasar por Dos Caminos. A partir de esa fecha anduvo huyendo, pero logró reunir a un pequeño grupo de hombres con los que se levantó en armas.

Tomás Bustamante Álvarez en su Historia General de Guerrero afirma que a principios de 1911 Gómez organizó en los Arenales y San Jerónimo una pequeña fuerza para participar en el movimiento revolucionario. Al igual que todos los demás jefes locales, sin recibir ayuda (dinero o armas) del maderismo, se basó en sus propios recursos y riesgos, como sucede en todas las revoluciones populares.

Mientras Gómez combatía contra las tropas porfiristas, Dimas Fierro y Pablo Vargas incendiaron su casa en El Arenal, por lo que se vio obligado a trasladar a su familia a Acapulco, plaza que acababa de tomar. Cuando llegan ahí, en mayo de 1911, don Tomás era comandante del 35 Batallón de Infantería y comandante militar del puerto.

Fueron años de una lucha muy cruenta, llena de traiciones, por la ambición del poder y la falta de una ideología sincera. En este marco se produjo “una violenta rivalidad” entre Tomás Gómez y Julián Blanco con Silvestre G. Mariscal y sus correligionarios Julio Pérez y Julián Radilla, quienes fueron felicistas, falsos maderistas, huertistas y aparentes seguidores de Carranza.

En octubre de 1912 Julián Radilla se pronunció contra el gobierno y atacó un pequeño destacamento comandado por el coronel Gómez; éstos eran siete, pero con gran valor lucharon durante siete horas para romper el cerco.

“En Tecpan, con sólo 500 hombres, rompió el sitio que le tendieron Julián Radilla y Jesús H. Salgado, al mando de 2000 felicistas. Peleó en Agua del Perro, en la Cañada del Zopilote, en Huamuxtitlán y en Tlapa, para no citar más que sus principales combates”.

El 7 de julio de 1914 Mariscal es nombrado comandante de la Guarnición de Acapulco en sustitución de Luis Guevara. Éste se embarcó sin esperar a su relevo; el coronel Gómez se niega a embarcar y junto con Manuel Villegas le avisan a Julián Blanco, quien se posesiona de la plaza.

Una semana después los blanquistas atacan a Pablo Vargas en Pie de la Cuesta para evitar que Mariscal entre a Acapulco. Blanco y Gómez se replegaron hasta el Castillo de San Diego, donde el día anterior habían instalado a la familia del segundo. Buscando protegerlos, Gómez alquiló un bote para conducirlos al vapor Piamonte y cuando ya estaban cerca, uno de sus hijos, Margarito, de nueve años, recibió un balazo en la mejilla. Fue atendido por el doctor del barco y sobrevivió.

Durante agosto y septiembre de ese año hubo constantes ataques y amagos de los mariscalistas en perjuicio de Blanco, que seguía en Acapulco. El 1 de octubre, el presidente Venustiano Carranza ordena a Mariscal, por vía telegráfica, suspender las hostilidades contra el general Blanco. Posteriormente, Carranza envía a Blanco, por conducto de Tomás Gómez –a quien ya le había otorgado el grado de general– pertrechos de guerra y dinero suficientes. A mediados del mes muere el capitán Manuel Gómez Maganda en una batalla contra Mariscal. Sin embargo, en diciembre le ordenan a Mariscal acompañar a las fuerzas de Blanco para el ataque a Chilpancingo.

El brigadier Gómez no tenía la obligación de estar en esa batalla, pues el presidente Carranza le había dado una comisión y debía trasladarse a Colima, pero quiso acompañar a su compadre en ese importante evento.

Al llegar a la cuadrilla de Las Petaquillas, en la Nochebuena de 1914, en un lugar llamado Salto Valadez, el general Tomás Gómez es arteramente asesinado por la espalda por Desiderio Villegas y Cipriano Lozano, quienes obedecían las órdenes del general Santiago R. Nogueda; todos mariscalistas.

Tras el pánico y la confusión reinante, circuló la voz “Villegas mató a Gómez” que llegó a oído de Calixto Gómez, hermano del jefe victimado; creyendo que el general Manuel Villegas, el amigo y compañero más querido de Tomás Gómez, era el culpable, al encontrarlo, sin mayor explicación le dio muerte.

Al año siguiente Mariscal, en una emboscada, da muerte a Julián Blanco, a su hijo Bonifacio y a Francisco Gómez Maganda, que había acudido en su ayuda.

La persecución no terminó con la muerte del jefe de la familia; en sólo 13 años murieron siete de sus hijos, casi todos de manera violenta, cuatro de ellos a manos de mariscalistas.

Gómez fue un hombre congruente con sus ideales y fiel a sus convicciones, maderista sincero y después constitucionalista, que alcanzó todos sus grados por méritos propios. El grado de coronel le fue otorgado por el mismo Madero y el de general por Venustiano Carranza.

En junio de 1950 el poblado de Arenal del Norte cambia su nombre por el de Arenal de Gómez, en honor del general Tomás Gómez. El 20 de noviembre del mismo año sus restos fueron trasladados del pueblo de Mazatlán a la Rotonda de los Hombres Ilustres del Panteón de Chilpancingo, cuando era gobernador del estado el general Baltasar R. Leyva Mancilla.

(VVS)