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Guerrero Saldaña, Vicente

Militar insurgente; Benemérito de la Patria, por Decreto del 16 de noviembre de 1833. Nació en Tixtla, en el barrio Los Zapateros de las Cuatro Esquinas, el 9 de agosto de 1782; murió en Cuilapan, Oaxaca, el 14 de febrero de 1831. Su nombre completo era Vicente Ramón Guerrero Saldaña. En el acta parroquial que se conserva en Tixtla se encuentran los datos siguientes: “En esta parroquia de Tixtlán, a diez de agosto de mil setecientos ochenta y dos años: Yo el Bachiller D. Francisco Cavallero, baptizé solemnemente, puse óleo, y crisma, a Vicente Ramón, hijo de don Juan Pedro Guerrero y de doña María Guadalupe Saldaña...”


Vicente Guerrero Saldaña

Fue arriero cuando joven; al incorporarse al movimiento insurgente, se dedicaba a la armería ayudando a su padre, quien era asistente de armero. En la etapa adulta se unió con María de las Nieves Pichardo; de esa unión nació Natividad.

Al avanzar, el generalísimo Morelos por la costa rumbo al Puerto de Acapulco, pasó por Tecpan y logró la incorporación a sus tropas de la familia Galeana. Vicente Guerrero, quien desde joven tuvo afinidad con las ideas libertarias de los insurgentes, parte junto con Nicolás Catalán a principios de diciembre de 1810 a la costa para unirse a las tropas independentistas. Al entrevistarse con Morelos es puesto bajo las órdenes de Galeana. El día 13 combaten en La Sabana y triunfan; las tropas realistas derrotadas fueron perseguidas impetuosamente por Guerrero y Galeana, quienes desde ese combate encontrarían afinidad en su pasión por la lucha aguerrida; con esta actitud, incluso, provocarían que más de una vez Morelos tuviera problemas a la hora de contenerlos.

Después de este suceso, pelea nuevamente en El Aguacatillo, donde teniendo como principal enemigo a vencer las tropas de Carreño, gobernador de Acapulco, Morelos planea la estrategia a seguir para tomar El Veladero; es la madrugada que 16, y aprovechando que el viento está a su favor, que comienza la batalla; durante todo el día rugen las armas de realistas e independientes; “el Niño”, un cañón pedrero obsequiado por Galeana, hace que de su garganta de hierro salgan cañonazos que aciertan en el blanco; esa noche los insurgentes adoptan una actitud que sería una constante tanto en el triunfo como en la derrota: bailan y celebran la posesión del estratégico sitio.

Morelos, el 17, publica, siguiendo la línea de pensamiento de Hidalgo, el bando de El Aguacatillo, en cuyo texto se lee: “a excepción de los europeos, todos los demás habitantes no se nombrarán en calidad de indios, mulatos ni otras castas, sino todos generalmente americanos. Nadie pagará tributo, ni habrá esclavos en lo sucesivo, y todos los que los tengan serán castigados. No hay caja de Comunidad y los indios percibirán los reales de sus tierras como suyos”.

Por su arrojo y valentía, Guerrero queda a las órdenes directas de Morelos. El 4 de enero de 1811 pelea una vez más en La Sabana y se libra una batalla exitosa en Tres Palos, con un botín de guerra consistente en 609 fusiles, cinco cañones, 52 cajas de equipo militar, 83 mulas cargadas de provisiones y dinero. Los insurgentes consideran estar listos para tomar el Fuerte de San Diego, y el paso de La Sabana es rebautizado con el nombre de Paso a la Eternidad. El mes de febrero, confiados en los informes de José Gago, intenta tomar el fuerte siguiendo las instrucciones de Morelos, pero son traicionados y se ven en la necesidad de huir. En marzo, a consecuencia de la fatiga y los desvelos, Morelos cae enfermo y es escoltado a Tecpan por los 50 pares y don Hermenegildo Galeana; Francisco Hernández queda a cargo de las tropas en La Sabana. El 29 de ese mes, en el campo de Los Coyotes, los realistas los atacan; Hernández al principio se bate con furia, pero empieza a perder terreno y huye vergonzosamente; los soldados avisan a Galeana y a Guerrero y éstos llegan por la retaguardia; en un enfrentamiento estoico hacen que los realistas huyan después de seis días de sitio, y se les reconoce como estrategas y militares excepcionales.  El 30 de abril y el 1 de mayo, Guerrero resiste junto con sus compañeros los intentos por ser desalojados. El 3 de mayo, y con el objetivo de redireccionar la ofensiva, Morelos decide avanzar a Chilpancingo para romper el cerco impuesto a los Bravo y sumarlos a la causa libertaria.

Al día siguiente de la “batalla de los encuerados”, librada por Galeana el 21 de mayo, Guerrero entra con Morelos a la villa de Chilpancingo y el 26 es el encargado de guiar las tropas hacia Tixtla, terreno que conoce de sobra, con la intención de tomar aquella plaza, lo cual concretizan ese mismo día. Se establecen allí durante poco más de dos meses, y en agosto, atendiendo a una invitación hecha a Morelos por parte de la ciudadanía, éste se traslada a Chilpancingo; durante su ausencia, los realistas, reagrupados, toman por sorpresa a las tropas independentistas del sur en Tixtla, que había quedado a la custodia de Galeana; éstos resisten de manera sobrehumana; Morelos es informado y de inmediato regresa a Tixtla para arrasar con las tropas realistas; en el calor de la batalla, Galeana y Guerrero los siguen hasta Chilapa, logran su rendición y ocupan la plaza.

A finales de noviembre, parte con Morelos a Tlapa, sin hallar resistencia debido a que los realistas huyeron a Oaxaca y Puebla. Luego de una breve estancia, Morelos dispone seguir con la campaña y ordena a sus columnas que se alisten para partir a Chiautla (en ese lugar, por cierto, combate contra Mateo Musito, quien había bautizado a un cañón con el nombre de “Matamorelos”; cuando el realista cae prisionero, Morelos lo manda pasar por las armas. Guerrero, por su parte, da muerte a Pedro Micheo, uno de los hombres a cargo de una división realista). Luego de esa victoria, Morelos obtiene la de Izúcar y parte a Taxco el 12 de diciembre de 1811; deja a Guerrero al mando de aquel lugar.

Una y otra vez, Guerrero rechazó en Izúcar el ataque del brigadier Llano, quien el 9 de febrero intentaba recuperar la villa; le causó severas bajas. En febrero de 1812, Morelos toma Cuautla y se inicia la resistencia al heroico sitio, el cual es roto el 2 de mayo, y Guerrero se reincorpora con él el 15 de mayo. En noviembre, Guerrero ya es teniente coronel y participa en la toma de Oaxaca, donde recibió la orden de atacar un embarque de tabaco y cacao que iba de Acapulco a la Ciudad de México.

Salió a cumplir con lo dispuesto, y triunfante, con el producto de la incursión, regresa nuevamente a Oaxaca el 15 de enero de 1813. Fue el sostenedor de la insurgencia en el sur de Puebla. Después de la derrota de Puruarán, estando en Coahuayutla, recibió la encomienda de Morelos de trasladarse a la Mixteca para mantener el movimiento libertario. Ramón Sesma envió un escrito, por conducto de don Francisco Leal, con la recomendación de que Juan Nepomuceno Rosains no le diera mando a Guerrero, y que desconfiara de él; al encontrarse con el enviado en el río Tacachi, ambos leen las cartas y, al enterarse Guerrero de su contenido, cambia de ruta y acampa en el cerro de Papalotla.

Ocho días después se enfrenta a José de la Peña, a Félix de la Madrid (Lamadrid, según algunas publicaciones) y a Joaquín Combé, hechos bélicos que le dieron prestigio militar y un aumento de 400 hombres con sus armas. Parte hacia Ometepec y se fortifica en Atlamajalcingo del Monte, donde instala una maestranza, fabrica pólvora y armas y aumenta sus fuerzas, al agregársele una compañía de realistas al mando de José Germán de Arroyes. Saturnino Samaniego y De la Madrid se unieron y atacaron a los insurgentes en Chiautla, cerca de Piaxtla, saliendo éstos vencedores.