Viernes  6 de diciembre de 2019.

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Ing. Fernando Sánchez Garibay

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Guerrero Saldaña, Vicente

Guerrero regresa a Xonacatlán para enterarse de que Juan del Carmen partió hacia Azoyú, y va a auxiliarlo; cuando llega, Juan del Carmen ha derrotado a Zavala y Régules; allí se les une Sesma y entera a Guerrero de que Terán los ha traicionado y que les ha dado a los realistas el sitio del Cerro Colorado; de inmediato ordena a Juan del Carmen que regrese a Xonacatlán, y se separan con Sesma; cuando pasa por Justlalmacán, le llega el aviso urgente de que Sesma también lo ha traicionado y que va con De la Madrid y Armijo a entregar el fuerte establecido en Silacayoapan. Guerrero fustiga su caballo y se refugia con Juan del Carmen, en tanto Armijo bate sus fuerzas en el valle de Huamuxtitlán hasta los límites con Xonacatlán.


Mural de Gómez del Payán en Tixtla.

Hasta septiembre de 1818, los descalabros militares y las decepciones de Guerrero se incrementan; la mayoría de los hombres se acogen al indulto, y después de un sitio de 37 días, en 1817, en el que muere Juan del Carmen y en el que las tropas de los patriotas “llegan al no visto hasta ahora ejemplo de estarse sustentando con las carnes de mula, caballo y perro”, toman y desmantelan su cuartel en Xonacatlán; el general, solitario, creyente de su causa, se convierte en el único frente de resistencia auténtico en toda la Nueva España, junto con un pequeño grupo de amigos de su confianza; su soledad llega a tal punto que busca el auxilio de Guadalupe Victoria y parte a verlo con apenas 30 hombres; en un enfrentamiento inesperado en Oacalco, pierde considerablemente su escolta, siendo obligado a regresar a Ajuchitlán al lado de Nicolás Bravo; para llegar, cruza nadando el río Mezcala; el realista Ignacio Ocampo y los 200 soldados a su mando lo ven y, en lugar de perseguirlo, lo contemplan admirados; uno de sus elementos se ofrece a capturarlo y Ocampo lo detiene: “no, ese es un hombre luchando por sus ideales –lo mira llegar al otro lado–; en su momento nos enfrentaremos en igualdad de circunstancias”; al salir del agua, Guerrero mira hacia el otro lado del río y se da cuenta; a lo lejos se mira con Ocampo y agradece el gesto.

Logra llegar a Nicolás Bravo, con quien se halla el padre José Antonio Talavera, y marchan a Ajuchitlán a sabiendas de que Apodaca enviaba a Pío María Ruiz con la intención de dominar la Tierra Caliente; allí se dividen y don Nicolás parte a Cóporo en donde se le unen Ayala y Benedicto López y se reparten la encomienda, quedando Ayala y López a cargo de tomar Zitácuaro; Guerrero marcha a la Mixteca con Elizalde y se atrincheran en Tlalchapa; en ese sitio le llegan las noticias de que Bravo está sitiado, y manda a Matías Zavala a auxiliarlo; pero éste le notifica por medio de un soldado que sus fuerzas son insuficientes y sale Guerrero apresurado con sus leales seguidores para, al llegar, encontrar lo mismo que encontró en Xonacatlán.

Con Bravo preso, Guerrero se va con Zavala y Elizalde a la sierra, y logra reunir 30 hombres, mismos que deja con Elizalde y parte a la Costa Grande a reunirse con Juan Álvarez, Pablo Galeana y Montes de Oca; lo acompañan únicamente tres personas: Zavala, Zacarías Vázquez y Bartolo Salgado. Durante el penoso y accidentado trayecto se entera de que Rayón fue hecho prisionero; logra llegar a Tecpan sano y salvo y se reagrupa, pero la adversidad es cada vez mayor y los reveses se repiten como si se tratara de una variable imposible de sortear.

La Junta Suprema que se había establecido en Jaujilla se dispersa, pero antes nombra a Guerrero jefe supremo del movimiento; estando en San Jerónimo se le unen Pedro Ascencio, Eusebio Catalán con 26 elementos, y Pablo de la Rosa; Zavala decide ir hacia el río y lo ataca una tropa realista que lo obliga a escaparse; Montes de Oca y Pablo Galeana con Pedro Ascencio se van a Zacatula donde Armijo los desaloja; Guerrero se traslada a Chilpancingo y manda a Eusebio a hacer una inspección, en la que muere a tiros en Carachierio.

Guerrero, desmoralizado y hambriento, huye al cerro de las Tijeras, pero Armijo lo persigue y lo fuerza a irse a Coahuayutla, y se esconde unos días. Ayudado por los peones del rancho El Rosario, le ofrecen las campanas de la iglesia para que las funda y haga cañones; establece una maestranza y organiza varias partidas con los jefes sobrevivientes; en julio aumentan sus tropas, reorganiza su ejército y sale a Tamo en donde vence al coronel Tovar; la suerte le sonríe de nuevo, pues derrota a la ofensiva que le envían a este lugar; lo mismo sucede en Zirándaro; remonta el Mezcala, y recupera Coyuca, Ajuchitlán, Santa Fe, Tetela, Huetamo, Cutzamala, Tlalchapa y Cuaulotitlán; sostiene combates triunfales en Tizapán El Alto, Mazatitla y San Antonio; a principios de diciembre el virrey recibía un mensaje muy claro: el general Guerrero, jefe supremo de la lucha por la Independencia, estaba de vuelta, y para demostrarlo controlaba ya las Mixtecas, desde Tacámbaro a Huajuapan, y desde Cutzamala hasta lo extenso del Balsas.

En 1819, Pedro Ascencio, quien había sido encargado de custodiar a Rayón y después de la muerte de Morelos decidió regresar al sur y pelear por su cuenta, se dirige a Teloloapan y con 300 hombres se apodera de Sultepec, Temascaltepec, Tejupilco, Luvianos, Las Truchas, Pochote, los límites de Teloloapan, Alahuixtlán, Zacualpan, Ciénega, Acatempan, Atempan, Cimantepec y la Goleta; por toda la región se había extendido el rumor de que Pedro Ascencio era letal en el combate y sanguinario hasta más no poder; esta posición hace que los insurgentes, en especial Guerrero y Ascencio, crezcan agigantadamente en número y en armamento; con todo y el despliegue de fuerzas, Apodaca no puede con ellos.

Ascencio expande sus dominios a Taxco, Toluca y la hacienda de la Huerta a 15 leguas de la metrópoli; le ofrecen el indulto y no sólo lo rechaza, sino lo desprecia; desde sus posiciones, vence muchas veces a los realistas que envían a enfrentarlo, como Juan Rafols; la táctica había salido a la luz: Guerrero dominaba ambas costas y Ascencio el lado opuesto hasta Toluca.

El 9 de noviembre de 1820, desesperado, el virrey envía una oferta de indulto a Guerrero a través de su padre, Pedro Guerrero; don Vicente se muestra sensible ante el dolor de su progenitor pero, según la versión popular, ceñida cariñosamente por la tradición oral, responde:

“Este venerable anciano es mi padre; viene a nombre del virrey a ofrecerme dádivas, que nunca aceptaré. Respeto a mi padre y le obedezco; pero como mexicano de honor y soldado de la libertad de mi pueblo, no puedo traicionar mi ideal, que piensan empañar los hombres faltos de amor patrio: Mi patria es primero”.

Al no obtener el resultado deseado, Apodaca remueve a Armijo y en su lugar nombra a Iturbide, quien se había dedicado a enriquecerse ventajosamente. Iturbide sale de México el 16 de noviembre, con la soberbia encima y confiado de que sería fácil vencerlos, pero se lleva una desagradable sorpresa con Pedro Ascencio: éste le destroza una columna y la retaguardia en El Durazno. Iturbide ordena ocupar la línea de tránsito que va de Chilpancingo a Acapulco y le escribe al virrey jactándose de haber vencido a los insurgentes; nada estaba más lejos de la realidad.

Confiado, parte a Teloloapan, lugar al que llega su regimiento de Celaya. Mientras tanto, Ascencio lo ataca y vence a sus tropas ubicadas en otros flancos; en Teloloapan lo derrota cuatro veces consecutivas al tratar de salir. Para no alarmar al virrey, Iturbide le escribe y se muestra optimista; le informa que todo está controlado y que pronto se rendirán los rebeldes. En ese momento Guerrero está derrotando a sus tropas en Acapulco y en enero le destroza su compañía de granaderos.

Iturbide se siente presionado, sabe que Apodaca podría enterarse y escribe carta a Guerrero el 10 de enero de 1821 bajo la premisa de buscar la Independencia de la Nueva España; este documento llega a manos del general insurgente quien, al contestarle el día 20, le dice: “decídase usted por los intereses de la nación y entonces tendrá la satisfacción de verme militar a sus órdenes”, y envía a Nicolás Catalán con la respuesta. Pedro Ascencio es enterado de la comunicación y se desplaza a entrevistarse con Guerrero para manifestarle su rechazo a la negociación; sin embargo, Vicente Guerrero cree que las condiciones para generar la Independencia están dadas; cede y, al ceder, la comunicación desemboca en la entrevista entre Iturbide y él en Acatempan, la confección de la Bandera Trigarante y el Plan de Iguala fechado el 21 de febrero y que fusionaba los intereses de la causa libertaria y los de la Corona.