Miércoles  11 de diciembre de 2019.

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Guerrero Saldaña, Vicente

El caudillo suriano giró misivas a sus tropas en el sentido de que con la finalidad de contribuir a la construcción de una patria independiente, los instaba a deponer las armas. Las tropas insurgentes y las realistas deponen las armas y comienzan a movilizarse hacia el centro. Iturbide, antes de arribar a la capital de la nación liberada, invita a Guerrero a suscribir y firmar con él el Acta de Independencia, pero éste se niega debido a que Morelos ya lo había hecho el 6 de noviembre de 1813 en Chilpancingo. El 27 de septiembre, con la anuencia de Guerrero, quien dejaba en claro su postura de que sería un vigilante de los intereses de la nación, Iturbide entra triunfal a la Ciudad de México y luego, ignorando la opinión del general Vicente Guerrero, declara, como primer firmante, la Independencia de México por segunda ocasión.

Al general Vicente Guerrero le fue confirmado el grado militar; se le confió la Capitanía General del Sur del país y se le concedió la Gran Cruz de la Orden de Guadalupe. Fue miembro de la Regencia y permaneció un tiempo al lado de Iturbide, pero al notar el giro personal que tomaba el nuevo gobierno y la creación del Imperio, se alejó del emperador y lo combatió con Nicolás Bravo. El 23 de enero de 1823 se enfrentó a las fuerzas iturbidistas de Epitacio Sánchez. El Imperio cayó, desconociéndose a Iturbide el 31 de marzo, y el Congreso nombró un triunvirato en el cual Guerrero figuró como suplente, cargo que cubrió hasta el 10 de octubre de 1824.

Guadalupe Victoria se convirtió en el primer presidente del país; Guerrero ocupó la jefatura del partido yorquino: una logia opuesta a la escocesa, que jefaturó en el mismo tiempo Nicolás Bravo. Bravo se rebeló contra el gobierno de Victoria y salió a combatirlo el general Guerrero, quien lo derrotó en Tulancingo el año de 1828. Participó como candidato a la Presidencia, y aunque contó con el apoyo de la ciudadanía, el voto indirecto de las legislaturas estatales, de 11 contra 9, se inclinó a favor de Manuel Gómez Pedraza, a quien se designó Presidente electo el 1 de septiembre de 1828. El 12 del mismo mes el general Antonio López de Santa Anna lanzó el Plan de Perote, en Veracruz, pidiendo el desconocimiento de la elección de Gómez Pedraza; el 30 de noviembre se le sumó la guarnición de La Acordada, en la Ciudad de México, y el nuevo Presidente huyó de la capital el 3 de diciembre. El 12 de enero de 1829 el Congreso de la Unión le confirió el cargo de presidente de la República a Guerrero, y de vicepresidente a Anastasio Bustamante.

El mandato presidencial de don Vicente Guerrero fue breve y rico en acontecimientos determinantes. Motivada por la ley de expulsión del país a los españoles, el 20 de marzo desembarcaron tropas hispanas, con más de tres mil hombres, cerca del puerto de Tampico, comandadas por el brigadier Barradas, con el propósito de reconquistar México. Diezmados por la enfermedad y algunos encuentros desafortunados, los expedicionarios se rindieron a los generales Terán y Santa Anna. Se quiso formar un grupo de haitianos para combatir a España en Cuba.

El embajador norteamericano Joel R. Poinsett ofertaba, sin éxito, la compra de Texas en cinco millones de dólares y luego ofreció un ventajoso préstamo al país de 10 millones, pidiendo a Texas como base de hipoteca, fracasando también. El 6 de diciembre estalla una revolución centralista en Yucatán y, para colmo, Bustamante, que había salido a combatir a Barradas, se subleva al gobierno de Guerrero en Jalapa. Guerrero pide licencia al Congreso y sale a combatirlo. Queda como interino en la Presidencia José María Bocanegra, del 18 al 23 de diciembre, en que lo sustituye Pedro Vélez, miembro de un triunvirato formado con Lucas Alamán y Luis Quintanar, por un periodo del 23 al 31 de diciembre.

El 1 de enero de 1830, Anastasio Bustamante ocupó la Presidencia, en su calidad de vicepresidente. El Congreso declaró a Vicente Guerrero imposibilitado para gobernar la República. Al enterarse de la maniobra, el presidente Guerrero, que estaba ausente de la capital, partió hacia el sur, generándose una guerra civil. El gobierno usurpador envió a Armijo a combatirlo; se enfrentaron en Texca, y murió en el combate el antiguo realista. Todo 1830 fue de encuentros furiosos de ambas fuerzas. Bustamante, por conducto del ministro de Guerra, José Antonio Facio, pagó 50 mil pesos oro al marino genovés Francisco Picaluga para que traicionara la amistad de Guerrero y lo tomara preso. El 15 de enero de 1831 el navegante invitó a comer a Guerrero y un grupo de amigos a su bergantín El Colombo, que se encontraba anclado en Acapulco, y sin enterarse plenamente de sus maniobras los invitados, se hace a la vela.

Picaluga se dirige a las bahías de Huatulco, en Oaxaca, con sus prisioneros ya encadenados. Entrega a Vicente Guerrero a las fuerzas gobiernistas que lo esperaban. Se dirigen con él a la ciudad de Oaxaca. Le forman un consejo sumario y lo condenan a muerte. Fue fusilado dentro del atrio de la iglesia de la Villa de Cuilapan, el 14 de febrero, apenas rayaba el sol. Así se consuma una de las traiciones más oprobiosas en la historia de México.

En la actualidad, al general Vicente Ramón Guerrero Saldaña se le aprecia como uno de los héroes más trascendentes de nuestra nación; su lealtad a la lucha por la Independencia de México, de la que supo hacer la mejor de sus obras, representa el ejemplo más claro de entrega total y acendrado patriotismo a la gesta libertaria por el México independiente, no únicamente en el ámbito militar, sino en el político, y cuya suma de ideas y pensamientos se puede constatar en sus cartas, proclamas y frases célebres rescatadas por algunos autores, así como en su decreto sobre la esclavitud proclamado en 1829 y en el que su incansable ideología liberal, siempre sólida y horizontal, aun en los momentos más agudos en los que muchos de los patriotas le dieron la espalda, son muestra pura de que supo hacer del estoicismo una de las más nobles de sus virtudes.

Paradójicamente, a la desgracia de su muerte le sobrevino la gloria de la inmortalidad, en palabras del maestro Ignacio Manuel Altamirano:

“Allí tenéis a Guerrero, a ese hombre que nos envidian las naciones más grandes de la tierra; para quien los reveses eran razones para ser fiel; para quien la esperanza era un motivo para perseverar; para quien la miseria no era un obstáculo; para quien la familia no era una cadena que lo atara al poste de la inacción; para quien la envidia era un sentimiento desconocido; para quien la cobardía era una vana palabra; para quien los alimentos estaban en los bosques y las municiones en las cartucheras del enemigo.

“Compatriotas: ese era Guerrero, esa figura grandiosa que nosotros no admiramos lo bastante quizá porque está demasiado cerca, pero que debíamos contemplar de rodillas, enorgulleciéndonos de haber nacido en el mismo lugar que meció su cuna, por un privilegio que no concede Dios sino de tarde en tarde a las naciones”.

 (FMVH/FPM//MLC)