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Izazaga Martínez, José María de la Luz

Insurgente, precursor de la Independencia. Nació en 1786 en la hacienda del Rosario, hoy Coahuayutla, municipio que desde 1988 se denomina oficialmente Coahuayutla de José María Izazaga, en honor suyo. Se desconoce la causa y la fecha de su muerte, aunque existen documentos fechados en 1850 que informan que estaba gravemente enfermo, por lo que es posible que haya fallecido ese mismo año o en 1851. Hijo de don José Juan de Izazaga, de origen vasco, y de una señora de apellido Martínez, de quien se ignora el nombre completo y su origen.

Cuando José María Izazaga nació, José María Morelos y Pavón –ya de 20 años de edad– trabajaba como arriero en la hacienda del Rosario, oficio que desempeñó cerca de cinco años, ganándose el afecto y la confianza de la familia Izazaga; ello provocó que el viejo y rico hacendado decidiera ayudar al necesitado y animoso joven Morelos, ofreciéndole apoyo económico para que pudiera dedicarse a la carrera eclesiástica. Esto sucedió en 1790.

Concluida la carrera sacerdotal en 1795, Morelos, mientras esperaba acomodo como sacerdote en alguna diócesis de la intendencia michoacana, se colocó como profesor de gramática y retórica en Uruapan –único centro educativo de la región en esa época–, al parecer recomendado por el viejo Izazaga, pues allí se encontraba cursando la instrucción básica su hijo José María, de escasos nueve años. Poco después, y ya dedicado a la docencia, Morelos logra que lo nombren también adjunto del cura de dicha población.

Cumplidos los 12 años, José María Izazaga fue trasladado a efectuar sus estudios de bachiller en Valladolid (hoy Morelia), en el Colegio de San Nicolás, misma institución educativa en donde posteriormente –en 1799– inicia sus estudios superiores de Jurisprudencia, formando parte de la primera generación de esta carrera, pues coincide la apertura de ésta con su inicio como estudiante de Leyes; sin embargo, el último año de estudios lo realiza en la Universidad de México, donde se gradúa en 1803.

Izazaga Martínez vuelve a su terruño ya como abogado; conoce la realidad social de principios del Siglo XIX, y se da cuenta de las graves diferencias de vida entre la mayoría de la población formada por los desposeídos y la minoría poblacional que integraba la clase social alta, de la que él formaba parte. A diferencia de los demás terratenientes, los Izazaga tenían un trato amable y justo para con sus trabajadores quienes, por ello, eran privilegiados entre su misma clase; esto repercutió en la formación humana de José María, quien era amigable, accesible y desprendido con los trabajadores de su familia y con la población en general. A pesar de su nivel educativo y económico, renovó y mantuvo su amistad con los hijos de los trabajadores de su padre, con quienes había jugado siendo niños. Documentos de la época describen a Izazaga “como un hombre alto, fornido, de mirada penetrante, rico, y siempre atento y dispuesto a ayudar al necesitado”.

Posteriormente, con el apoyo paterno, José María Izazaga sale hacia Europa, vía EU. A su paso por la Unión Americana, Inglaterra, Francia y España –tierra de sus mayores–, conoció a diversos personajes con los que hizo amistad y de quienes recogió nuevas experiencias e información de las luchas que en esos lugares se estaban dando. Vivió de cerca la invasión francesa a España, y, de esta manera, surgieron lazos de amistad con hombres inquietos por lograr la emancipación de sus pueblos.

De regreso a la Nueva España en 1808, Izazaga Martínez, con una visión clara sobre la situación de su terruño, empieza a organizar actividades para lograr la independencia de España. Después de un análisis de los lugares que conocía muy bien, seleccionó a San Juan Zitácuaro para establecer allí el centro de la lucha por la Independencia, pues en esa dinámica y estratégica población contaba con familia y numerosos amigos de confianza, como Luis Correa y José María Tapia, que apoyarían sus pretensiones formando la Junta de Zitácuaro. A esto, le siguió la selección de hombres destacados y con arraigo en otras comunidades –como Uruapan, Pátzcuaro, Maravatío, Tlalpujáhuac, Angangueo y, en especial, Valladolid–, que Izazaga sabía que simpatizaban con la causa libertaria, y con quienes se reunía con frecuencia. Pronto en esos pueblos se formaron juntas, grupos de amigos trabajando sobre la misma causa y bajo el mismo plan.

El cuerpo directivo de la junta conspiradora de Valladolid estaba conformado por el teniente José Mariano Michelena, el licenciado Manuel Ruiz de Chávez, el sacerdote Vicente de Santamaría, don Mariano Quevedo, el licenciado Nicolás Michelena, el licenciado Soto Saldaña y el capitán José Ma. García Obeso, quienes fueron delatados (por Agustín de Iturbide, según afirma el historiador Carlos María de Bustamante) y detenidos, pero en el juicio que se les siguió como conspiradores contra España todos declararon que lo único que perseguían era “organizarse para defender a la Nueva España, si España sucumbía ante los franceses, que la habían invadido”, confesión que provocó que el virrey y arzobispo Lizama ordenara que se les retirara la acusación, quedando libres poco tiempo después; no obstante, los militares involucrados fueron cambiados de adscripción.

Izazaga se refugia en la hacienda del Rosario, en donde por su aislamiento y difícil acceso se sentía más seguro; establecido en ese lugar, y consciente de que los sucesos ocurridos no dejaban otra alternativa más que la lucha armada, activa la recaudación de fondos, el reclutamiento de campesinos que servirían como soldados, así como la fabricación de instrumentos bélicos necesarios para la tropa, en maestranzas especializadas para ello. Mantiene una comunicación activa con sus amigos de la costa: los Álvarez, los Galeana, los Bravo, los Ayala, los Guzmán y otros más que tenían la posibilidad de reunir gente para la lucha. Todos los mencionados llegaban con frecuencia a la hacienda del Rosario, donde celebraban reuniones con el licenciado Izazaga referentes a los preparativos de la insurrección.

Existen, también, evidencias de las reuniones de Izazaga con Morelos –enlace éste último entre Hidalgo e Izazaga– en diversas poblaciones de la Intendencia de Michoacán, para intercambiar impresiones sobre los preparativos y los avances que se llevaban para iniciar el movimiento armado libertario. Por otro lado, Morelos e Izazaga cumplían quehaceres y comisiones específicas, dadas por el cura don Miguel Hidalgo, con la finalidad de iniciar la lucha en la fecha establecida, que era el 29 de octubre de 1810, la que, al descubrirse la conjura en Querétaro, se adelanta para el 16 de septiembre mediante el grito de rebelión que Hidalgo da en Dolores, Guanajuato.

Todos los comprometidos con la causa libertadora fueron tomados por sorpresa y no les quedó otra opción que continuar con el plan. Cada uno tomó con decisión su incorporación al movimiento. Izazaga, al saber lo ocurrido, salió rumbo a Apatzingán, que era el lugar más próximo al sitio donde conoció la noticia. Allí reunió a los jefes cercanos, quienes, con los partidarios comprometidos, sumaron 400 insurgentes; Izazaga mandó avisar a Hidalgo que estaba ya en pie de lucha y éste, como respuesta, lo nombra coronel del Regimiento de Nuestra Señora de la Purísima Concepción, que tenía el objetivo de impulsar al movimiento insurgente en parte de la costa mexiquense (hoy guerrerense) y michoacana.

De Apatzingán, se traslada con sus fuerzas a Ario, en donde apresa a los administradores de Rentas Reales de esa plaza y logra que se le unan numerosos simpatizantes. En esta población, Izazaga recibe la noticia de que las fuerzas encabezadas por Hidalgo se acercan a Valladolid y dispone que su regimiento –formado ya por 2000 hombres– se prepare para salir, con la finalidad de sumarse a las filas del caudillo.

Después de tomar la plaza de Valladolid (17 de octubre de 1810), prácticamente sin oposición, y dejando a nuevos administradores fieles a su causa, los insurgentes, con Hidalgo a la cabeza, se trasladan al Monte de las Cruces, donde el realismo, con Torcuato Trujillo al frente, sufre su primera gran derrota; sin embargo, una semana después los insurgentes son vencidos en San Jerónimo de Aculco, estado de México.

Izazaga participó en ambas batallas, al frente de su regimiento, pero Hidalgo al ver tan comprometida la situación de la insurgencia, después de la derrota en Aculco, le pide a éste que deje el mando de sus fuerzas y regrese a la costa para trabajar en la consecución de apoyos que permitan sostener la causa: organización de maestranzas para fabricar armas y municiones, insumos para el sostenimiento de la tropa y el reclutamiento de patriotas que ingresaran al ejército insurgente. Es posible que, además de la indudable utilidad del abogado Izazaga para estos menesteres, la milicia no fuera su fuerte, que no hubiese sido un buen estratega militar y que esto haya influido también para que Hidalgo tomara la decisión de separarlo del mando de sus tropas y comisionarlo en otros quehaceres no menos importantes para la causa.

Mientras esto sucedía, Morelos estaba en plena campaña hacia Acapulco; pasó por la hacienda del Rosario, y con todo el apoyo del padre de Izazaga, salió a Zacatula con 25 hombres mal armados, y ahí se le incorporó un contingente realista bajo las órdenes del capitán Marcos Martínez, al parecer familiar de los Izazaga por parte de la madre; prosiguió a Petatlán, donde coincidió con Izazaga Martínez, quien logró que allí también se sumara a las fuerzas de Morelos otro pequeño grupo de milicianos. De hecho, en la actividad insurreccional de Morelos en la costa rumbo a Acapulco, éste obtuvo un apoyo invaluable de los Izazaga, quienes tenían mucha influencia sobre los hacendados y gente acomodada de la región.

Cuando el licenciado Izazaga Martínez recorría la costa michoacana, tratando de lograr recursos para la causa, recibió la fatal noticia de que Hidalgo, junto con Allende, Aldama, Jiménez, Abasolo y otros, habían caído prisioneros de las fuerzas realistas en Las Norias de Acatita de Baján (factor fundamental para ello fue la traición de Ignacio Elizondo). Esta funesta noticia lo obligó a buscar a Morelos, y casi un mes después se reunió con él en Paso de la Sabana, en donde le comunicó la mala nueva. Morelos, sumamente consternado, decidió continuar la lucha insurgente, y le pidió a Izazaga que se trasladara a las provincias del centro y lograra mayor información sobre la grave situación de los prisioneros, y le informara cuanto antes el resultado de su pesquisa. Otro objetivo de su comisión era informar a los insurrectos que se encontraban en su ruta lo que Morelos estaba haciendo en el sur y sus planes a futuro.

Al cruzar Michoacán y llegar al estado de Guanajuato, Izazaga se encontró con don Ignacio Rayón, el ex secretario y consejero del cura Hidalgo, quien le notificó detalladamente lo ocurrido en Las Norias de Acatita y le informó que por decisión del generalísimo Allende él había quedado como jefe supremo del ejército independentista. Regresó con Rayón a Michoacán, para ponerlo en contacto con los jefes que operaban en la región y con quienes el nuevo jefe insurgente tuvo algunos problemas de autoridad, que fueron resueltos gracias a la intervención de Izazaga. Con ello, Rayón se da cuenta de la estimación que se le tenía a Izazaga en su región y de la influencia que ejercía sobre sus coterráneos, hecho que provoca un profundo respeto de Rayón por el licenciado Izazaga.