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López Cisneros, Alfredo

Líder popular, más conocido como “Rey Lopitos”. Nació el 23 de enero de 1923 en el barrio de la Iglesia, en Ometepec; murió en Acapulco el 4 de agosto de 1966.

Fue hijo de Antonio López Vázquez y de Aurelia Cisneros Alvarado. Cursó la primaria en la Escuela Vicente Guerrero, de la que era director el maestro Juan García Jiménez, renombrado hombre de letras. Se distinguió como orador, y ganó el aprecio del poeta y otras personas, porque declamaba bien en las fiestas patrias y en los convivios. Desde temprana edad, mostró vocación de líder, al hacerse eco de los problemas colectivos. Inició una huelga en la escuela a raíz de la postergación de salarios y falta de prestaciones a los maestros, así como por la carencia de útiles didácticos. A los 15 años, organizó a los campesinos del poblado La Libertad, para defenderse de los acaparadores; en razón de su activismo, fue electo secretario del comisariado ejidal de la comunidad.

En 1935, emigró al puerto de Acapulco, en busca de mejor porvenir. Trabajó de abonero de la Casa Carmina, que vendía ropa hecha y artículos del hogar, cuyo dueño era el español Joaquín Tejedo. Al correr el tiempo, abrió el restaurante La Chinita, en la avenida Cuauhtémoc, al cual siguió otro denominado Acapulco, sobre la calle 5 de Mayo. A éstos concurría numerosa clientela de las diversas posiciones sociales. Entre los asiduos, se halló el periodista Ignacio de la Hoya Pinedo, director del diario La Verdad, de tendencia amarillista; pronto hizo buenas migas con López Cisneros, a quien invitó a colaborar como reportero y luego como gerente. El ometepequense fundó sus propios rotativos, Unidad y Presente, que fueron bien recibidos por su carácter tremendista.

Siendo aún reportero, comenzó a organizar a los porteños desposeídos. Creó, en principio, el Comité de Lucha Contra la Carestía de la Vida, que, mediante el periódico La Verdad, convocó a una asamblea para hacer el balance de los logros alcanzados por el Comité.Efectuada en el recinto escolar Estado de Guerrero (hoy José Azueta), aquella reunión devino en la formación de la Unión Inquilinaria de Acapulco, de la que fue nombrado presidente. Su objetivo era luchar contra los casatenientes e invadir terrenos baldíos, fomentando la acción de los paracaidistas. A fines de aquel año, López Cisneros encabezó la toma del fraccionamiento Mozimba y, poco después, los terrenos en la cañada de los Amates. En ambos casos encontró el rechazo de los propietarios, y los desalojó, con violencia, la fuerza pública. Una tercera intentona sobre predios céntricos de la ciudad corre la misma suerte que las precedentes.

Entre invasiones y desalojos, no disminuyó, sino por el contrario, aumentó el número de aspirantes a colonos dentro de la Unión. En la asamblea del 5 de enero de 1958, celebrada en la Escuela Primaria Manuel Ávila Camacho, los tres mil asistentes acuerdan apropiarse de la parte de la barranca de La Laja; hecho que tiene verificativo al día siguiente. De inmediato se hicieron presentes varios cuerpos policiacos para intimidarlos; pero, arengados por su líder, los paracaidistas, con palos, machetes, puntas y uno que otro con pistola, resistieron sin que estallara la violencia. Entre medidas de seguridad, acuerdos y deliberaciones, nace, en una asamblea, la Unión de Colonos de La Laja, la más poderosa organización política que haya tenido nunca la clase popular acapulqueña. Para dirigirla, se nombra a su líder nato.

Un acontecimiento vino a determinar el futuro de aquella lucha. El 10 de enero, miles de lajeños recibieron en el sitio conocido como la Y al entonces candidato a la Presidencia de la República, Adolfo López Mateos; el orador, Alfredo López Cisneros, pidió apoyo para legalizar la posesión de la colonia. En respuesta, el candidato del PRI, que tuvo la gentileza de llamarlo pariente, se comprometió a satisfacer las demandas y regularizar los terrenos, como se cumplió a lo largo de su gobierno. Esto redundó en el liderazgo del hombre cuyo apodo surge de sus efervescentes seguidores, concretamente de una mujer, que un día tiene la ocurrencia de colocar en la cabeza del dirigente una corona de flores con la siguiente anotación: “Rey Lopitos”. En medio de risas y aplausos de algunos concurrentes, la dama se dirige con estas palabras: “Esta coronación no es burla, es una demostración de cariño a quien es nuestro rey, que nos dio terrenos, casa, trabajo, seguridad y eso siempre requiere del reconocimiento de la gente que sabe agradecer”.

El poder de López Cisneros llegó a ser tal que muchas de las decisiones de las autoridades del puerto tenían que pasar antes por su consulta. Para cualquier movilización de masas había que pedir el apoyo al “Rey Lopitos”. Incluso, en elecciones, fue decisiva su participación. Por eso, cuando llegó el momento de la campaña para la Presidencia Municipal ganó, sin falta, el candidato que favoreció con un puesto al líder lajeño; amén de lo cual, el 1 de enero de 1966, López Cisneros protestó como síndico, al lado del alcalde Martín Heredia Merckley, electos para el periodo 1966–1969.

Muere a balazos, en la madrugada del día antes mencionado, en la Avenida Farallón.

(BM)